9 de diciembre de 2020

Entrevista a Juan Carlos Pérez de la Fuente, Director Artístico del Año Galdós de la CAM. Por Javier Velasco Oliaga


 

 

 

 

 JUAN CARLOS PÉREZ DE LA FUENTE

 

    En estos tiempos lánguidos, donde los teatros no pueden llenar su aforo por las restricciones sanitarias, hay personas que siguen luchando para que los teatros no se vacíen del todo y que la cultura teatral siga resistiendo a esos miserables virus que quieren que nos quedemos encerrados en nuestras casas. Juan Carlos Pérez de la Fuente es una de esas personas que resiste las inclemencias de este tiempo con el mejor ánimo. Charlamos con él para que nos cuente todo las actividades que ha preparado sobre don Benito, sólo don Benito, para este año. 

 

 "Leer a Galdós no es sólo conocer a Galdós sino a nosotros mismos"

 

    El dramaturgo talamanques es una persona que vive por y para el teatro. Sin embargo, comenzó a trabajar como ascensorista en el Banco de España a los 15 años de edad. En los ratos libres, entre piso y piso, sacaba de su bolsillo trasero de su pantalón de botones un libro de Stanislavsky y se empapaba de su método ante el asombro de esos banqueros, ¿usureros? que andaban por los salones de tan rancia institución como el ínclito Mariano Rubio. 

    La carrera de Pérez de la Fuente ha sido asombrosa en todos sus términos, director del Centro Dramático Nacional, del Teatro Español, del María Guerrero y podría seguir. Ya con 35 años le denominaban veterano director, ahora con 61 le podemos llamar joven director porque sigue manteniendo las ganas y la ilusión de aquellos años juveniles. Desde su puesto como Director Artístico del Año Galdós en la Comunidad de Madrid (CAM) ha preparado varios espectáculos en los Teatros del Canal y una exposición que abrirá próximamente sus puertas denominada “El sastre de Galdós”. 

    Juan Carlos Pérez de la Fuente nos cuenta sabrosas anécdotas del escritor canario que desarrolló gran parte de su carrera en Madrid y nos anticipa todo lo que tiene previsto la CAM para el año del Galdós que, supongo, por la pandemia, deberá prolongarse hasta bien entrado el año que viene. “Cuando don Benito Pérez Galdós llegó a Madrid procedente de las islas Afortunadas tenía 21 años y quería estudiar Derecho, cosa que no le gustaba lo más mínimo por lo que se buscó un trabajo como periodista en el diario “La Nación”, donde ejercía de crítico musical del Teatro Real. Galdós se planteaba en aquellos años: ¿Qué es la música? ¿Dónde hay que buscar la música y el sonido de la vida? Galdós encontraba la solución en las calles de Madrid, tanto para sus artículos como para sus novelas. Pero esa música, Galdós la escuchaba en un ruido típico de la capital de aquellos años: hay un extraño sonido que lo inunda todo, el sonido seco del martillo al golpear en el clavo al construir los ataúdes”. Cuenta de manera torrencial el dramaturgo madrileño. 

    Aquellos eran los años del cólera, 1862 y posteriores, cerca de 800.000 personas morirían por tan cruel enfermedad. Galdós supo retratar ese Madrid enfermo. “Nadie mejor que Galdós conoce esto de la pandemia, ya entonces abogaba por el uso de la mascarilla quirúrgica”, nos recuerda Pérez de la Fuente. Hay muchas facetas de Galdós que no se conocen. En su tiempo, era aborrecido por las gentes de derecha, por su anticlericalismo furibundo, y en la actualidad, es aborrecido por la izquierda. 

    Por eso, hay que leer a Galdós: “leer a Galdós no es sólo conocer a Galdós sino a nosotros mismos. Su teatro es un diálogo hacia el presente. Mi labor ha sido adaptar sus textos a la realidad actual”, señala el dramaturgo. “Galdós, además de anticlerical, fue un ferviente amante de los animales y antitaurino de pro. “En cierta ocasión, yendo a una finca de Toledo de unos amigos, se encontró con una oveja negra. Esas ovejas no tienen ningún valor porque su lana no se puede teñir y por eso se sacrifican. Galdós se enamoró de la oveja y se la quiso llevar a su casa de Hilarión Eslava. Allí convivió varios años con ella e incluso Gregorio Marañón le ayudó a su manutención cuando Galdós perdió su fortuna. Cuando el doctor le comunicó el óbito del animal a Galdós, no pudo reprimir que las lágrimas”, recuerda el Pérez de la Fuente. 

    Ese anticlericalismo galdosiano tiene su más fiel reflejo en su obra “Electra”, estrenada el 30 de enero de 1901. El éxito de su estreno fue apoteósico y cuentan las crónicas que fue llevado a hombros, como si de un torero se tratase, precisamente él que era tan antitaurino, hasta su domicilio. Ese anticlericalismo le costó ganar el premio Nobel en dos ocasiones. En 1912 su rival fue Marcelino Menéndez Pelayo y la academia sueca, debido a la polémica, decidió dejar sin Nobel a ambos escritores. En 1915, la Iglesia Católica española también medró para que le dejasen sin premio y en esa ocasión fue el poeta y escritor indio Rabindranath Tagore el que se hizo con el galardón literario más importante del mundo.. 

    Otro estamento que odiaba era el de los banqueros versus usureros. Escribió su tetralogía de Torquemada entre 1889 y 1945. Quizá fueron sus mejores libros y, desafortunadamente, muy poco conocidos. Juan Carlos Pérez de la Fuente tiene previsto estrenar la obra “Torquemada” el 18 de diciembre, sobre un texto de Ignacio García May. Una obra fundamental para entender el poder que tiene la banca en nuestro país. “Son los grandes triunfadores de la crisis. Galdós reflejó a la perfección ese mundo y ya planteó hacia donde iba a ir ese estamento en el fututo. Lo que vivimos es un calco de lo que él anticipo. Su personaje Torquemada era uno de los avaros más grande del mundo”, afirma el director. 

    El responsable del Año Galdós de la CAM había preparado diversas acciones ingeniosas, como representar varias microescenas de las obras de Galdós en el Metro madrileño, desgraciadamente la pandemia ha impedido llevarlas a cabo. Esperamos que sólo sea un retraso y se puedan llevar a cabo en un futuro próximo. Lo que sí abrirá sus puertas será la exposición “El sastre de Galdós (Galdós y Cornejo en su centenario)”, contará de cinco espacios donde estarán representados el despacho de Galdós, su taller, su camerino teatral, un escenario de sus obras y el camión para su traslado. 

    La idea de realizar actividades en el Metro es maravillosa y entronca directamente con el espíritu de Galdós. “Fue el escritor de la calle. El se inspiraba en la calle por lo que si hubiese vivido en la actualidad, seguro que escribiría del Metro”, apunta el dramaturgo de la bella localidad madrileña de Talamanca del Jarama y agrega “conocía a nuestro pueblo mejor que nadie”. 

    “El teatro sólo existe cuando se va a él” 

    “La situación del Teatro es muy compleja y está en una situación gravísima. Sólo existe cuando se va al teatro. Ver las salas medio vacías por las restricciones sanitarias es penoso. La cultura es y será absolutamente necesaria, pero por desgracia no les interesa a nuestro políticos”, sostiene cargado de razón. España no puede ser sólo un país turístico de playa cuando tenemos una de las culturas más ricas del mundo, además es España ha sido una potencia teatral desde los tiempos de Lope de Vega. “Por aplicar un símil muy actual, podríamos decir que el teatro es la sala de urgencias del hospital de la cultura. No hay nada más inmediato”, sentencia. 

    Recordemos que Miguel de Cervantes siempre quiso triunfar como dramaturgo. Prefería sus obras teatrales a las novelas y siempre sintió celos por el éxito de Lope y ¡por sus ganancias! Desgraciadamente sus entremeses no tuvieron mucho éxito en las representaciones, es ahora cuando se están entendiendo mejor y representando en diferentes teatros, Nueva York incluido. 

    Juan Carlos lo conoce bien porque ha dirigido obras en corrales de comedia como Almagro o Alcalá de Henares y en teatros de la solera del Español o el María Guerrero, eso sin contar a teatros romanos como los de Mérida o Sagunto. “Tanto lo políticos como la gente de la cultura nos creemos que todo es mejor que lo nuestro, cuando esto no es así”, remacha. 

    “Algo tenemos en el ADN los españoles que, probablemente, desde el 1898 hemos perdido el norte y nuestra confianza en nosotros mismo. Tenemos un espíritu muy cainita. Nos devoramos entre nosotros”, analiza el dramaturgo madrileño. Cree que los políticos tienen mucha culpa. “La democracia hay que inventarla todos los días”, subraya Pérez de la Fuente. 

    Si hay una iglesia madrileña donde se puede sentir el teatro esa es la Parroquia de San Sebastián, “fue la primer iglesia bombardeada durante la guerra civil”, nos recuerda el dramaturgo. Allí se encuentra la imagen de Nuestra Señora de la Novena, patrona de la profesión. Y allí se debería de encontrar la tumba de Lope de Vega, pero se perdió en una posterior reforma y ahora no sabemos dónde se encuentra. La iglesia se encuentra situada entre las calles Atocha y Huertas y es lugar de peregrinación del gremio de los actores. Enfrente de la iglesia, en la calle del mismo nombre, se encontraba la Fonda de San Sebastián, lugar donde escritores como Nicolás Fernández de Moratín y José Cadalso mantenían una famosa tertulia con dramaturgos de la talle de Luis Francisco Comella o el italiano Pietro Napoli Signorelli. 

    El gremio de actores siempre fue maltratado. Hasta el siglo XVIII, los actores fueron vilipendiados y su profesión era considera infame desde el punto de vista legal. No podían ser enterrados en sagrado si no renunciaban a su profesión, tampoco podían ejercer determinados empleos y cargos. Fue el actor Isidoro Máiquez el mayor luchador por sus derechos. Sin embargo, no sería hasta 1841 cuando se creó la Sociedad de Socorros Mutuos de Actores Españoles que velaría por la vejez de los actores. 

    La Cofradía de Nuestra Señora de la Novena fue fundada en el año 1624, pero no sería hasta el 1767 cuando abriría las puertas el Hospital de Nuestra Señora de la Novena o del Silencio, conocido popularmente como el Hospital de Cómicos, que se mantuvo abierto hasta después de la guerra civil. La citada cofradía velaría por el bienestar de esos cómicos que con la edad ya no podían trabajar. En la actualidad es la asociación AISGE (Artistas Intérpretes, Sociedad de Gestión) la encargada de hacerlo. 

    No quiere terminar la conversación Juan Carlos Pérez de la Fuente sin hacer constar el humor en la obra de Galdós. “Lo que estamos representando nos hará descubrir que el humor en el escritor canario es muy importante. No es sólo ese señor aburrido al que las malas lenguas denominaron don Benito el Garbancero. Es verdad que dilapido su fortuna porque le gustaba vivir bien, pero su sentido del humor se puede apreciar en muchas de sus obras”, concluye el director teatral galardonado con la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes. 

 


 

 

 

Javier Velasco Oliaga

 

 

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