27 de octubre de 2020

Trafalgar. Entrevista a José Andrés Álvaro Ocáriz








JOSÉ ANDRÉS ÁLVARO OCÁRIZ

 

Para el escritor navarro José Andrés Álvaro Ocáriz, si se perdieran todos los libros de Historia de España del siglo XIX y se conservaran los Episodios de Galdós, no perderíamos nada, porque Galdós ha hecho por la Historia de España y por los españoles más que todos los historiadores.


“En Galdós está todo lo que lo que un amante de la Historia puede encontrar”

El escritor navarro José Andrés Álvaro Ocáriz ha publicado una edición crítica de la obra Trafalgar de Benito Pérez Galdós. Ocáriz, autor de libros como Celaya esencial (2011), Antonio Tovar, el filólogo que encontró el idioma de la paz (2012), Luis Mariano, cien años, cent ans (2014), El Gran Capitán (2015), Sebastián Iradier. Si a tu ventana llega una paloma (2016), El Madrid de Blas de Otero (2016), La flecha que me asignó Cupido (2017), nos habla en esta entrevista de la biografía de Galdós que ha realizado, en la que se añaden detalles de los que hasta ahora no se había hablado. Además, ha recuperado a un marino que en todas las ediciones de Galdós aparece como Ezguerra y “que se trata realmente del tudelano José de Ezquerra y Guirior”, nacido el 25 de enero de 1756 y fallecido el 13 de julio de 1801 en la voladura del barco Real San Carlos, en el marco de la llamada batalla de Algeciras.




   La batalla de Trafalgar no ha sido demasiado tratada en la literatura si exceptuamos las obras de Pérez Galdós o Pérez-Reverte. ¿A cree que obedece este "olvido"? ¿Falta de ganas, o más bien que es difícil, por no decir imposible, superar alguna de aquellas?

   Por una parte, creo sinceramente que, después de la obra de Galdós, poco más se puede decir. En Galdós está todo lo que lo que un amante de la Historia puede encontrar. Ya decía Max Aub aquello de que, si se perdieran todos los libros de Historia de España del siglo XIX y se conservaran los Episodios de Galdós, no perderíamos nada, porque Galdós ha hecho por la Historia de España y por los españoles más que todos los historiadores.

   Por otra parte, para el lector que se acerca a Trafalgar por el mero hecho de disfrutar con la lectura, se va a encontrar con una novela muy bien escrita. Estaría dentro de lo que se llama novela histórica, pero no al estilo de las que se escriben ahora, que no pasan de ser simples novelas de aventuras. Las de Galdós están muy bien documentadas, de ahí que se produzca esa fusión perfecta entre el hecho histórico y el hecho novelado.

   Pero olvidado…

   Hay un olvido secular de nuestra Historia. Suelo decir que, si en los claustros de nuestros colegios e institutos no hubiera tanto profesor acomplejado, los alumnos que acaban su vida escolar no saldrían analfabetos de la historia y literatura de su país. En consecuencia, Es una peculiaridad muy española la de despreciar lo propio y abrazar lo ajeno.

   ¿Cree, asimismo, que Galdós tiene el lugar que se merece en las letras españolas, o que sólo nos acordamos de él en momentos puntuales, que suelen coincidir con celebraciones y fechas de su biografía?

   En las letras españolas tiene un papel fundamental. Es el mejor escritor español de todos los tiempos. No me vale decir que es el mejor novelista después de Cervantes. A Cervantes, seamos sinceros, no lo lee nadie. Lo que sucede es que está como glorificado porque, no él, sino uno de sus personajes ha pasado a ser un símbolo. Lo que sí te diría es que Galdós no tiene el lugar que debe en la educación. He trabajado varios años Trafalgar con alumnos de 4º de la ESO. Les encanta, porque es una novela ideal para esa edad de la adolescencia. En Trafalgar se habla de valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo, la entrega hasta el final… valores que ilustran el alma de un adolescente normal. Pero, como te decía antes, el acomplejamiento de quienes deberían programarlo es tal que prefieren acudir a otro tipo de lecturas.

   ¿Y en cuanto a la referencia a su centenario que he hecho en la pregunta?

   El tema de los centenarios que comentas es cierto. Todos los que han aparecido como setas hablando de Galdós, el año que viene irán corriendo a hablar de doña Emilia. Eso ha traído consigo un aluvión de buenos y de malos libros y de buenos y malos artículos de prensa.

   Tiene su aspecto positivo, porque se habla de Galdós. Lo malo es que, igual hasta dentro de cien años no se vuelve a hablar de él. Esperemos que no. Intentaremos que no suceda.

   En lo que respecta a su obra, destaca por muchos aspectos, pero hay uno que llama la atención, y es devolver la verdadera identidad a dos marinos, José de Ezquerra y Francisco de Moyúa, este último uno de los que tomó parte en la batalla. ¿Qué satisfacción produce aportar un detalle que enriquece aún más esta obra dedicada a la de Galdós?

   Es una obra bastante completa. La portada es la misma que escogió Galdós para su edición ilustrada. Hay trescientas notas a pie de página y está ese hallazgo de dos marinos en los que nadie había reparado desde hace 150 años que se publicó la obra, lo cual dice bastante poco en favor de lo que se denominan “ediciones críticas”.

   Cuando una editorial publica una de esas ediciones críticas, echa mano de un escritor más o menos vendible para que escriba el prólogo y luego, en el interior, se van repitiendo los mismos errores. El poner el verdadero nombre a estos dos personajes es algo importante, por lo que decía de ser el primero, desde hace 150 años, que se ha percatado de ese error. Y también porque supone devolverlos a las páginas de la Historia. En el caso de José de Ezquerra, era un marino de Tudela, capitán del Real Carlos. Por esas casualidades de la vida, bombardeó a otro navío español, el San Hermenegildo. El fuego entre ambos produjo la destrucción de los dos navíos y la pérdida de unos dos mil hombres.

   ¿Y en cuanto a Francisco de Moyúa?

   Lo primero que he de decir es que aparece en la obra de Galdós como Moyna, y esto no ha parecido importarle a nadie), y no era un mero grumete, sino el segundo de Churruca en la escala del mando. En un artículo que he publicado sobre él en la Revista de Historia Naval (y que invito a que lean) hablo de su interesante vida. Su formación fue muy parecida a la de Churruca. Realizó una serie de inventos, como poner un cañón a las lanchas de los navíos, con lo que multiplicaba el poder del ataque.

   ¿Cree que la batalla de Trafalgar seguirá arrojando nuevos detalles aún desconocidos o que todavía no están del todo claros?

   Creo que, en lo esencial, el hecho está bastante claro, pero siempre aparecerán esos detalles que, creo, que pueden ser interesantes, y que pueden volver a la actualidad este hecho histórico y esta novela.

   De su obra Churruca, relacionada con el episodio de Trafalgar, ¿cree que se ha tratado a esta figura como corresponde y el papel que tiene en la historia de este país?

   En absoluto. Sabemos que murió en Trafalgar, y poco más. Mi libro, que ha sido patrocinado por el Grupo Vinícola Marqués de Vargas y distribuyen Elkar y Santos Ochoa, y que se puede encontrar también en Amazon, viene a subsanar ese desconocimiento sobre la vida y obra de tan insigne marino. He realizado una edición crítica de un texto escrito en 1806 por un hermano del propio Churruca, y hay detalles importantes, porque está escrito por una persona que conocía personal e íntimamente a este ilustre marino guipuzcoano.


Una entrevista de:
Víctor Fernández Correas


26 de octubre de 2020

Lo que Galdós me enseñó de la novela histórica, por Carolina Molina

Si algo se sabe, a ciencia cierta, sobre la novela histórica es que es un género muy controvertido. Ni los que la escribimos sabemos definir qué es. Términos como ficción histórica se superponen a novela histórica o historia novelada y los lectores, la mayoría de las veces, se dan por satisfechos si con su lectura aprenden algo de nuestro pasado sin cuestionarse la calidad literaria. Esto explica que la novela histórica tenga más de historia que de literatura.

Con la celebración del centenario galdosiano hemos recordado que el género histórico ya existía en el s. XIX. Don Benito lo manejó con excelencia y hay quien lo ha denominado el padre de la novela histórica apreciando la fidelidad con que se escribieron los Episodios Nacionales que le hicieron mundialmente famoso.

Y sí, desde mi punto de vista, Benito Pérez Galdós es el primero en escribir novela histórica de la manera en que hoy se escribe y se comprende. Pude comprobarlo en el proceso documental de mi novela Los ojos de Galdós y posteriormente con las anécdotas que tras su publicación me sucedieron. De estas reflexiones, descubrimientos y decepciones, pretendo completar este artículo analizando lo que he aprendido gracias a Galdós y su legado.

 



Pero ¿Qué es novela histórica? 

    Esta es la gran pregunta. De todas las definiciones posibles dadas por críticos, ensayistas, filólogos o novelistas, entresaco lo más evidente: debe ser la unión perfecta entre literatura e historia, que es lo mismo que decir, realizar una creación literaria, lo más verosímil posible, de un momento histórico. Esto nos lleva a una recreación, que es la base de la novela histórica, re-crear la Historia, hacer que el lector no sea capaz de diferenciar lo ficticio de lo real pero procurando no faltar a la verdad.

    Ahora bien ¿qué es la verdad? ¿Cuál es la verdadera Historia? Cualquier periodista, y Galdós lo era, sabe que no existe la verdad universal en ningún suceso acaecido. Los testigos son humanos e interpretan, como también interpreta el historiador que consulta los legajos antiguos intentando comprenderlos.
 
    Hay quien dijo que se puede conocer la Historia de España leyendo los Episodios Nacionales de Galdós. Cualquiera que los lea reconoce en ellos una profundidad dramática y un rigor histórico poco frecuentes entre los escritores de su momento. La novela histórica anterior a Pérez Galdós, como la que nos dejó Manuel Fernández y González, era, fundamentalmente, efectista. Buscaba el entretenimiento antes que la veracidad. Galdós tenía muy claro que el proceso documental era primordial (lo era incluso para el resto de sus novelas) y gracias a su capacidad de observación aplicada a su virtuosismo literario consiguió realizar obras maestras del género. 
 
 
¿Inventó Benito Pérez Galdós la fórmula para escribir novela histórica?
 
    Voy paso a paso. En Memorias de un desmemoriado nos cuenta el propio Galdós cómo surgió la idea de escribir “unos episodios nacionales” por entregas, que fueron bautizados por su amigo José Luis de Albareda. El primero de ellos, como es bien sabido, fue Trafalgar y él mismo revela que buscó a un viejo grumete del navío Santísima Trinidad para interrogarlo como fuente documental. No es necesario leer biografías de Galdós para saber que tomaría notas, cualquier escritor lo hace, que preguntaría los detalles más sabrosos de la mítica batalla, pero sí sabemos que se empapó mucho de los términos marineros que le interesaban especialmente y que consultaría algún diario, lo que es básico para un periodista de investigación.
 
    Las biografías cuentan que de niño, Benitín, oía contar en su casa historias a su padre y a su tío, del tiempo de Napoleón, cuando los franceses invadieron España, de la misma manera que cualquiera de nosotros recuerda haber oído a los abuelos contar sus historias de la Guerra Civil. Todo eso es material imperecedero para un novelista histórico. El novelista de ficción histórica está más alerta, intenta empaparse de todo lo que le dicen y esto, en la imaginación de un niño, es gloria bendita.
Galdós no tomaría notas en una tablet pero sacaría un cuadernillo y apuntaría. Y al llegar a su casa, no encendería el ordenador pero consultaría libros, enviaría cartas en vez de emails para resolver sus dudas y finalmente haría una estructura histórica antes de elaborar la trama en donde elegiría al narrador, es decir, su Gabriel Araceli. También cuenta Galdós cómo se acercó a su admirado Mesonero Romanos, que le corrigió, incluso, algunos detalles de sus historias ampliándolas, como corresponde a un maestro y amigo.
 
Todo esto lo hacemos los novelistas actuales. Tal es así que hablando entre nosotros (los escritores) nos vemos realizando las mismas excentricidades: escribirnos para recordar una idea, enviar copias de seguridad de nuestras novelas a varios correos simultáneamente o realizar la consabida estructura histórica de la cual guiarnos sin caer en el anacronismo. Percibo que Galdós también usaba tales recursos adaptados a su época. De su forma de trabajar tenemos unas agradables pinceladas en la biografía de Eduardo Valero Benito Pérez Galdós, la figura del realismo español en donde se desvela que “si su obra es dramática orienta el papel en sentido vertical, con escritura clara en pulcros renglones. Si es novela, va en horizontal”, técnicas que cada escritor utiliza para mejorar su rendimiento.
Es normal pensar que tuviera sus manías, sus costumbres, su método, como cualquier novelista del s. XXI lo cual me hace pensar que el paralelismo a la hora de documentarnos es algo intuitivo. No podemos saber cómo escribía realmente Galdós pero sí acercarnos a imaginarlo, por pura lógica.
Teniendo esto en cuenta, si no hay innovación en sus costumbres de investigador ¿por qué mantengo que es el padre de la novela histórica actual?
Porque en lo que innova es en la técnica literaria que usa. No le basta con describir la historia que académicamente se conoce, ofrece paralelismos con la historia que cuenta respecto a la actual, aprovechando sus lecturas dickensianas y cervantinas, y las hace propias.
Esto no es plagiar. Cualquier escritor tritura, deglute las lecturas que más le han gustado y las digiere para alimentarse de ellas, hacerlas propias y convertirlas en algo novedoso.
 
    Si Galdós se muestra intuitivo en la parte histórica (documentándose como haríamos cualquiera de nosotros impelido por su formación periodística) es en la parte literaria donde innova creando la novela histórica actual. Imbrica creación literaria con veracidad histórica por primera vez. Dota a sus personajes ficticios de áurea real para explicar situaciones históricas y convierte la trama central de la novela en dos caminos paralelos: hecho histórico, hecho literario. Por eso los narradores de los Episodios Nacionales son tan importantes. Gabriel Araceli nos atrae tanto como Napoleón, quizás mucho más, porque es como nosotros.
 
    Galdós nos enseñó que hay que saber escribir literatura para escribir novela histórica, preparar tanto la parte creativa como la documental. Esta es la herencia galdosiana a la novela histórica actual. 
 
 
Galdós demostró que la novela histórica no es un género en el que podamos encasillarnos. 
 
    El género histórico es un género libre, diferente a los demás, tanto como el romántico o el género negro se diferencia de los otros.
Con todo, lo bueno de la novela histórica es que es ecléctica, en su interior, pueden incluirse subtramas románticas, policíacas o incluso (algo muy actual) leyendas que poco tienen de realidad pero explican la importancia de las costumbres, usos y maneras que en definitiva conforman la Historia de los pueblos.
La novela histórica puede, por lo tanto, tener narradores de todo tipo, reales o ficticios, tratar un hecho real o inventado, pero siempre sujeta a unas pequeñas normas, que son las de la verosimilitud y la recreación.
Esto implica que se narre lo que se narre o se cuente como se cuente, siempre hay que tener un conocimiento previo del ámbito histórico o por el contrario recurrir a la documentación.
José María Merino, en su artículo Novela e historia, nos propone buscar cuatro características básicas en una novela de género histórico: la existencia de un espacio físico o escenario (las ciudades, las calles…), el espacio temporal (en donde transcurren los personajes con verdad humana), el espacio de las conductas que nos permitirá dar rienda suelta a la recreación histórica y por último, el lenguaje, al que habrá que cuidar especialmente, para no ser anacrónico.
 
Estos cuatro puntos los encontramos en todos los Episodios Nacionales. Las ciudades, sus calles y casas son personajes fundamentales de la historia de España pues en ellas transcurren las batallas, las guerras y las revoluciones. Muchos de los episodios que escribió Galdós llevan el título de un lugar. La recreación histórica es otro punto fuerte de don Benito. Creo, sinceramente, que su formación periodística y su gran sagacidad le facilitaron la búsqueda de documentación. Que consiguiera darnos personajes tan trabajados y poliédricos fue fruto de su maestría literaria. Como dijo Rodríguez Batllori es aquí donde hace falta el justo equilibrio entre creación literaria y ensayo, que el autor sepa aplicar en su justa medida la “llama del genio”. Acoplar verdad y ficción de manera que parezca que presenciamos una realidad. Los personajes ayudan a entender la historia porque nos comparamos con ellos. Si son de cartón piedra no nos conmueven y nos desvían del propósito del autor.
 
Los españoles hablamos de Fortunata como si fuera una amiga, alguien que conocimos en otro momento. Conseguir eso es impensable en la actualidad. Ni el más vendido de los novelistas del s. XXI ha llevado un personaje suyo a la altura de Fortunata, de Jacinta o de Tristana.
De los cuatro puntos básicos que Merino identifica en la novela histórica nos queda el último: el lenguaje. El anacronismo es la bestia negra del novelista histórico y con frecuencia se pierde los papeles en los diálogos. ¿Hablaría igual un criado que un señor? ¿Un chamarilero que un duque? ¿Un madrileño que un vasco?...Galdós demostró que todos tenemos nuestro propio acento y fue en este punto donde más se esmeró en identificar la verdadera historia de España, observando las expresiones de la gente, diferenciando sus dialectos respectando su idiosincrasia. 
 
 
¿Existen las biografías imperfectas o podemos fiarnos de cualquiera? 
 
    Ahora bien, el escritor de novela histórica, sea del s. XIX o del XXI siempre depende de otros. De los estudiosos, documentalistas, historiadores y biógrafos que trabajaron el momento histórico que se pretende novelar. De ellos dependemos de tal manera que si ellos yerran nosotros fracasamos.
En la elaboración de Los ojos de Galdós me encontré con un nutrido grupo de galdosistas que habían escrito biografías dedicadas a don Benito, algunas centradas en su vida, otras en las ciudades en las que vivió, otras reflexionando sobre su narrativa. Como es lógico, las que más me interesaron fueron las centradas en su vida, como la mítica de Ortiz Armengol, que en su cronología, no exenta de caos, nos propone el clásico argumento de la niñez a la muerte.
 
    Durante algún tiempo acudí a mis propias fuentes (hecho que me llevó a conocer a Eduardo Valero y fruto de este encuentro fue la creación de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica) y traté de localizar a la familia de Galdós para resolver dudas, pero fallé en mi cometido. El destino hizo que en la presentación de Los ojos de Galdós conociera a Luis Verde, bisnieto de Benito Pérez Galdós y charlamos sobre la verdad y la mentira que ha trascendido a nosotros sobre la figura de don Benito. Estas conversaciones fueron tan reveladoras para mí que han cambiado mi concepto de documentación.
 
    Recientemente Germán Gullón y Eduardo Valero (entre otros) han matizado, desmitificado y reivindicado aspectos de Galdós que hasta ahora nos parecían parte indivisible de su personalidad. A lo largo de estos años he consultado biografías, videos, artículos y asistido a conferencias y con frecuencia se vuelve a los lugares comunes: Galdós “el garbancero”, el enamorado de su prima Sisita, el mujeriego, el despilfarrador, el anticlerical y el socialista. Esta imagen incorrecta y sesgada por intereses ideológicos o por simple incompetencia hace mucho daño al biografiado, a su familia (pues no es un personaje sino un ser humano) y en consecuencia a todo lector o persona que recurre a la biografía fiándose de su seriedad.
 
    No entraré en detalles sobre estos puntos, pues para eso están los investigadores de su vida pero habiendo comprendido que "el hombre" que fue Galdós, una vez fallecido, ha quedado en manos de personas que o no le conocieron o lo hicieron muy ligeramente, me resulta incomprensible que muchos de sus biógrafos hayan cometido el error máximo de un documentalista: el de no acudir a la fuente principal que aún está viva, que es su familia.
 
    Es así como me encontré con que las biografías no son siempre fiables. Al menos no todo lo que dicen en ellas. Este descubrimiento me causó un enorme desasosiego. Los novelistas, que no solemos ser historiadores, tenemos siempre una gran inseguridad en la recreación del pasado. Si las fuentes en las que nos apoyamos no son fiables ¿Qué nos queda? ¿Escudarnos tras la licencia literaria? 
 
    Está claro que como lectores debemos ser más críticos y cuestionar todo lo que leemos, sea novela o historia. Galdós lo tuvo claro. Dijo en su ingreso en la Real Academia: “Imagen de la vida es la Novela” pero ¿cómo hacer para fusionar lo mejor posible esa vida y esa novela? 
 
    En la reciente biografía de Germán Gullón encontré unas palabras de Mesonero Romanos dirigidas a Galdós haciendo referencia a los Episodios Nacionales: 
«Con todos ellos (los Episodios) se ha colocado usted a una altura superior como filósofo, como creador de caracteres admirables, como dramático —novelista y como narrador sencillo, discreto y halagüeño. Sobre todo, es sorprendente, y más para mí que para ningún otro, la intuición con que se apodera de la épocas, escenas y personajes que no ha conocido y que, sin embargo, fotografía con una verdad precursora. Ya dije a usted en otra ocasión que en tal concepto no tiene rival y que sus novelas tienen más vida y enseñanza ejemplar que muchas historias».
 
    Si lo dice Mesonero Romanos poco nos queda por hacer a los demás que escribimos, solo admirar las novelas de Galdós y aprender de él. 
 
 
Carolina Molina
 

 
 

Galdós. Maestro de las letras modernas. Entrevista a Germán Gullón

 

 

 

 

 

 

 

 

GERMÁN GULLÓN

 

Mucho se ha hecho esperar esta última biografía sobre Benito Pérez Galdós escrita por Germán Gullón cuya admiración por Galdós ya dejó patente su padre, el crítico Ricardo Gullón. En 1960 este le dedicó su mítico ensayo “Galdós, novelista moderno” con estas palabras: “A Germán, galdosiano de la nueva generación”. Vamos a descubrir con esta entrevista cómo ha sido el proceso de acercamiento a don Benito en estos sesenta años. 

 

 "Desearía que leyéramos la obra de Galdós como si fuera un gran mural...".

   

    Germán, sesenta años después de la dedicatoria de tu padre, le dedicas tu biografía. ¿Fue algo premeditado o cosa del destino? 

    Fueron cosas del destino y algo más. La familia Gullón siempre estuvo relacionada con Galdós. Pío Gullón le favoreció en el Congreso, encargándole tareas importantes, como presidir la comisión encargada de celebrar el nacimiento de Alfonso XIII. Mi abuelo fue un ferviente lector suyo y mi padre heredó ese entusiasmo de su padre. Lo que nos une a los cuatro en el interés por Galdós es su postura ética, la defensa de los derechos humanos y de la educación, y la defensa de la decencia en la conducta social. Todo ello exento de las galas de la vanidad que tanta desnudez moral oculta. Galdós es un modelo, que desafortunadamente no está vigente. 

 

    Tu trabajo no tiene la estructura cronológica convencional de una biografía. Dices en sus primeras páginas que no haces un “recuento de la existencia de Galdós de la cuna a la tumba”. Cuéntanos qué te llevó a desarrollarlo de esta forma.

    Mi biografía sigue el modelo anglosajón, es decir se acerca al personaje a través del contexto en que se presenta su vida y su obra. Conocer la intimidad de una persona es imposible e incluso una ilusión romántica. Ni nuestros seres más cercanos saben de uno las interioridades del ser. Y menos si se trata de un hombre que hizo todo lo posible por ocultar sus sentimientos. Lo que sí podemos analizar es cómo a una persona le forma su entorno, sus estudios, sus lectores, el medio socio-cultural en que se mueve. Sobre esos aspectos reposa mi trabajo. 

 

    Muchos habrán pensado ¡Otra biografía de Galdós! ¿Realmente se necesitaba otro libro sobre su vida? ¿Qué deseabas aportar como novedad?

    Primero, creo que las biografías van añadiendo conocimiento del autor. Algunas de las aparecidas no son propiamente biografías, porque los autores no son especialistas de Galdós ni conocen su obra literaria. Nacieron al calor de la oportunidad comercial del centenario. Mi biografía se necesitaba por muchas razones, presentar a Galdós en sus múltiples caras, no sólo la de autor literario, una de las novedades, presentarle como un innovador formal de la novela, un aspecto de su obra al que he dedicado miles de horas de estudio, y, sobre todo, lo que ningún biógrafo ha hecho hasta el momento: situarle en el puesto que le corresponde, el de maestro de las letras modernas. El punto de enlace, junto con Clarín y Pardo Bazán, entre el realismo y el simbolismo o modernismo. Cuando digo devolverle, quiero decir, devolverle el puesto que la vanidad de ciertos escritores modernistas le robaron. También mi condición de profesor de literatura comparada y experto en traducción me permite defender el carácter europeo y universal del canario. De hecho, no concibo un biógrafo de Galdós que no conozca los idiomas que él sabía, inglés y francés. 

 

    Nos parece que tu biografía incide en conocer a Galdós desde un punto de vista psicológico, a través de sus escritos y costumbres. Conocemos más bien poco de don Benito: que era observador, tímido, prudente…¿Qué es lo que más admiras de él como persona y como literato?

    Admiro sobre todo su decencia y el calor humano que crea en sus páginas. Es el hombre que modernizó el sentir humano cervantino, una de las riquezas culturales españolas. Tienes mucha razón al sugerir mi psicologismo, lo que quiere decir que me baso en una visión del ser humano en que hay un hacerse de la persona, es decir, una condición del individuo que le permite cambiar y madurar su carácter. 

 

    Cito textualmente tus palabras: “Nunca deja de sorprenderme que al hombre que dominó el s. XIX, que bien podríamos denominar el siglo de Galdós, pues sus crónicas abarcan del 1805 al 1912, sea tan mal entendido y se le escatime el aprecio”. Parece que es algo que viene de lejos y no tiene intención de corregirse ¿no es así?

    Así es. Pienso que las personas como Galdós, o Giner o Clarín, son siempre los perdedores en la cultura española. Son sus figuras claves, nuestros mejores, su obra contiene un retrato de la sociedad española moderna, pero su ejemplarizad personal siempre queda en segundo lugar, porque el astuto, el hombre que sabe venderse, el oportunista triunfa y se lleva las glorias. Dickens, Balzac, por mencionar sólo dos escritores, son considerados indispensables en sus respectivas culturas, mientras Galdós en la nuestra es ninguneado este mismo año por Javier Cercas y por Mario Vargas Llosa. 

 

    Dramaturgo, novelista, periodista, crítico musical, dibujante…Incluso se han publicado recientemente unas poesías galdosianas. Era Galdós un hombre versátil. ¿Crees que consiguió destacar en la disciplina que más le gustaba?

    Todas esas caras no eran consideradas en absoluto hasta la Exposición del Centenario que estuvo en la BNE y ahora está en la Casa- Museo en Las Palmas, y me alegro enormemente que este aspecto se haya reconocido. No es que fuera un hombre versátil, sino que era un hombre con numerosas aptitudes. Todo en mi opinión lo hacía bien. Lo mejor sin duda sus novelas, de valor universal; de valor nacional son sus ensayos políticos y musicales. 

 

    Vayamos por partes. Hay algunos puntos de tu ensayo que desvelan o por lo menos matizan situaciones que se han dado por sentado desde hace muchos años. Nos gustaría tratarlas contigo. La primera, su vida personal. ¿Cómo fue la relación con su familia, sus hermanas, su sobrino…? ¿Cómo debió ser un día en la casa de los Pérez Galdós?

    La vida familiar suya era la típica de una familia burguesa de clase media. Su relación con su familia fue excelente, pues lo cuidaban con mimo. Pronto supieron que Benitillo triunfaba en el mundo literario y político, si bien las mujeres de la familia entendían poco de sus asuntos literarios. Su sobrino José Hurtado de Mendoza fue muy cercano, le acompañó en viajes, y le apoyó en todo cuanto pudo, pero tampoco creo que Galdós le confiara sus intimidades. De hecho, nada sabemos a través de él de trascendencia biográfica. 

 

    “Él vestía igual en la mesa del despacho, en la redacción del periódico, que en la calle. Intelectualmente seguía en las huellas de Mariano Larra, adoptando su actitud de que escribir en España asemeja al llorar”. Si además recordamos que Galdós tuvo un choque económico con su editor que casi le lleva a la ruina, no es desacertado decir que la situación de los escritores no ha variado mucho desde el s. XIX. ¿Cómo consiguió sustentarse y sustentar a la familia don Benito?

    No hay que olvidar que su primer apoyo económico vino de Domingo, su hermano mayor, y de su mujer, Magdalena Hurtado de Mendoza, es decir, de unos dineros ganados en Cuba, indianos. Luego Galdós fue ganando dinero, pero nunca fue mucho. Sólo con el teatro gana bastante dinero. 

 

    Su relación con las mujeres ha sido polémica en el s. XIX e incluso en el XXI. Cuéntanos cómo era el Galdós hombre y cómo influyó esa relación personal en la creación de sus personajes como Isidora Rufete, Fortuna y Jacinta o Tristana. 

    No quiero entrar en polémicas sobre el tema. Únicamente puntualizar la importancia de sus relaciones con la mujer, el despertar de sus sentimientos amorosos, que le permiten crear personajes femeninos únicos. Su posición con respecto a la mujer es la común en la sociedad patriarcal española, aunque su trato con personas como Lorenza Cobián y Pardo Bazán, entre otras, le permitieron entender la injusta situación de la mujer, y por ello sus novelas plantean los dilemas de su posición social. 

 

    Galdós ha sido visto según los intereses ideológicos de cada momento: Galdós anticlerical, Galdós republicano, Galdós nacionalista…¿Con qué debemos quedarnos y qué debemos matizar? 

    Anticlerical, desde luego, republicano también, y nacionalista en la medida en que defiende un modo de sentir la riqueza cultural de su país. 

 

    El fallido Premio Nobel nos sigue doliendo, incluso este año se propuso darle un premio honorífico. ¿Habrá alguna manera de enmendarlo? 

    La gloria de Galdós no depende en absoluto de la negación de un comité de políticos y administradores suecos. Los mejores escritores modernos, ni Zola, ni Proust, por decir dos nombres, tampoco lo recibieron, y su valor sólo lo negará la ignorancia. 

 

    No quisiéramos despedirnos sin recomendar los videos que publicas en Youtube sobre el mundo galdosiano, que ya tienen muchos seguidores. ¿Cómo surgió la idea? 

    Surgió por una petición de gentes que acudieron a la Exposición de la BNE, y que después nos pidieron uno sobre Sorolla, y así empezamos a rodar las cosas. Luego vimos que el comercialismo se iba a comer el centenario, que los periódicos se llenaban de noticias falsas, de apreciaciones incorrectas. Cuando leí tu novela sobre Galdós me encantó ver la buena documentación que usaste, pero esa no es la tónica general. Lo normal es seguir rodando medias verdades.

 

    Es imposible comentar todas las impresiones que causa tu biografía una vez leída. Son tantas como los sentimientos contrapuestos que genera Galdós. ¿Qué deseas puntualizar en este año 2020, centenario de su fallecimiento, que nos sirva para conocer mejor a don Benito? 

    Desearía que leyéramos la obra de Galdós como si fuera un gran mural, que de cerca permite ver las figuras representadas, muy realistas, los ciudadanos de la España secular moderna, y sus lugares, y, a la vez, observar cómo en esos retratos hay aspectos velazqueños y goyescos, sugerentes, abocetados, donde hallamos los huecos donde se manifiesta la sensibilidad individual. Y contemplar ese mural, hecho de novelas, episodios nacionales, y dramas, bañado por la luz española que ilumina los cuadros de Emilio Sala y de Joaquín Sorolla. La verdad humana hecha de realidad y color por el maestro de las letras españolas modernas. 

 

Una entrevista de:
Carolina Molina
 
 
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