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2 de octubre de 2025

Novena edición de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica. Madrid, 2025

Vuelven las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica bajo el título "Mujeres audaces y mujeres madrileñas"

El próximo día 16 de octubre comenzarán las IX Jornadas Madrileñas de Novela Histórica en la Biblioteca Regional de Madrid con el título: “Mujeres audaces y mujeres madrileñas”. Esta edición se divide en tres bloques que se desarrollarán durante los meses de octubre, noviembre y diciembre, ofreciendo al público diferentes conferencias relacionadas con la historia de esta ciudad y las mujeres que en ella nacieron o vivieron, teniendo como base el ensayo y la novela histórica.


Los organizadores recuperan una costumbre madrileña nacida en el siglo XIX conocida como los “Jueves de moda” y la traslada a la actualidad; por eso, las conferencias se impartirán un jueves de cada mes. 

Inaugurarán las jornadas la escritora y directora de las jornadas, Carolina Molina, que hablará de la Inclusa de Madrid, una institución sostenida por mujeres. Seguidamente llegará el turno del escritor y periodista Javier Velasco, quien en compañía de Maudy Ventosa, profesora y escritora, autores del libro “El caso de Margarita Landi, la Rubia del Velo y la Pistola”, hablarán de esta mujer adelantada a su tiempo, periodista e investigadora de hechos criminales.

En la jornada del día 13 de noviembre, Eduardo Valero, investigador de temas madrileños y cofundador de las jornadas, hablará del género de variedades o arte frívolo y de unos teatros por los que pasaron glorias del cuplé como Raquel Meller, “La Chelito”, “La Argentinita” y “La Goya”, entre otras. 

La segunda conferencia, centrada en Anita Delgado, estará a cargo de la escritora Elisa Vázquez de Gey, especialista en la biografía de esta mujer que llegó a ser Maharani de Kapurtala.

La tercera y última jornada, que se celebrará el 11 de diciembre, la historiadora y novelista María Pilar Queralt del Hierro, junto a Carolina Molina, autoras de “Guerreras. Españolas que empuñaron las armas”, rendirán homenaje a mujeres audaces y su relación con la historia de España.

Para clausurar las jornadas, la escritora e historiadora Sara Medialdea, miembro del Cuerpo de Cronistas de la Villa de Madrid, hablará de los mitos y realidad de las cigarreras de Embajadores.





La dirección y coordinación de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica corre a cargo de la Asociación Verdeviento cuyos miembros son escritores y ensayistas con gran experiencia en el sector del libro. Dirigen y coordinan Carolina Molina y Eduardo Valero, presidenta y vicepresidente respectivamente.




21 de octubre de 2024

Octava edición de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica. Madrid, 2024


Vuelven las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica bajo el título "Madrid: luces y sombras".


El próximo día 7 de noviembre comenzarán las VIII Jornadas Madrileñas de Novela Histórica en la Biblioteca Regional de Madrid con el título: Madrid, luces y sombras. Durante ese jueves y los días 14 y 15 siguientes, se desarrollarán diferentes conferencias relacionadas con la historia de esta ciudad teniendo como base el ensayo y la novela histórica.


Inaugurarán las jornadas el investigador de la historia de Madrid, Eduardo Valero, que hablará del desconocido Ricardo Sepúlveda y Planter, cronista de la Villa, que nos dejó interesantes obras del costumbrismo madrileño. Seguidamente llegará el turno de la escritora y directora de las jornadas, Carolina Molina, quien hablará de los viajeros que a lo largo de la historia reciente pasaron por nuestro país y de cuya experiencia pueden sacarse muchas anécdotas que explican nuestro choque cultural.

El día 14 habrá un encuentro con el escritor de novela histórica Mario Escobar que junto al periodista David Yagüe hablarán de los hechos históricos que rodean su última novela La librera de Madrid. Posteriormente, Víctor Fernández Correas, autor de Hambre de gloria, impartirá la conferencia Lugares de paz que gestaron guerras, un recorrido por los lugares que fueron testigos del paso de la Historia.

En la última tarde, la del día 15, las jornadas contarán con dos conferencias más. La primera correrá a cargo del escritor Fernando Martínez Laínez, uno de los iniciadores de la novela negra y de espías en España, que profundizará sobre Los espías en el Madrid galdosiano. Para clausurar las jornadas como años anteriores, la historiadora y novelista María Pilar Queralt del Hierro, impartirá una conferencia ambientada en los salones literarios de la época ilustrada en donde las mujeres abrieron las puertas de sus casas a pensadores, científicos o artistas, influyendo decisivamente en el devenir de su tiempo.

Los actos comenzarán cada día a las 18h y serán retransmitidos por streaming y grabados para su posterior visualización en la web de la Biblioteca Regional de Madrid, que es la patrocinadora de las jornadas.




La dirección y coordinación de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica corre a cargo de la Asociación Verdeviento cuyos miembros son escritores y ensayistas con gran experiencia en el sector del libro: Carolina Molina, Eduardo Valero, Víctor Fernández Correas, David Yagüe y Olalla García.



14 de diciembre de 2023

Pequeños momentos de la Historia. Mesa 6. El espejo de Lhardy, punto de encuentro del Madrid del siglo XIX

30 de noviembre de 2023

La Biblioteca Regional, a través del portal de YouTube de la Consejería de Cultura de Madrid, ofrece los vídeos de las conferencias para el público general y que reproducimos en nuestro blog.


Mesa 6
El espejo de Lhardy, punto de encuentro del Madrid del siglo XIX
María Pilar Queralt del Hierro



La historiadora y escritora María Pilar Queralt del Hierro, autora de más de cincuenta libros (algunos en colaboración), ofreció al público sus conocimientos sobre la historia del famoso restaurante Lhardy.
En su disertación no faltaron las anécdotas históricas, curiosas y graciosas; tampoco el recorrido por sus salones y su extensa carta, con platos exclusivos del emblemático restaurante, otrora pastelería "que había puesto corbata blanca a los bollos de tahona", como refería Benito Pérez Galdós en Los Ayacuchos
Queralt del Hierro recordó los nombres de las ilustres personalidades que por allí pasaron y dejaron su reflejo en el espejo de Lhardy, único testigo de la Historia pasada, presente y futura de Madrid y España.





Puede ver el programa preparado por la Asociación VerdeViento haciendo clic aquí.




4 de diciembre de 2023

Pequeños momentos de la Historia. Mesa 5. Luis Candelas, el bandolero ilustrado.

30 de noviembre de 2023. 18:00 h. 

La Biblioteca Regional, a través del portal de YouTube de la Consejería de Cultura de Madrid, ofrece los vídeos de las conferencias impartidas y que reproducimos en nuestro blog. 


Mesa 5
Luis Candelas, el bandolero ilustrado.
Ana B. Nieto



Ana B. Nieto, autora de Luz de Candelas, su última novela, impartió una amena charla sobre la vida, aventuras y desventuras del mítico bandolero madrileño. Realidad y leyenda cargadas de hechos históricos, causas judiciales, personalidades de la época y un sinfín de datos, trasladaron al público presente a aquella pintoresca villa y corte del siglo XIX.





Puede ver el programa preparado por la Asociación VerdeViento haciendo clic aquí.




25 de noviembre de 2023

Pequeños momentos de la Historia. Mesa 4. Encuentro con Luis Zueco

23 de noviembre de 2023. 19:00 h. 

La Biblioteca Regional, a través del portal de YouTube de la Consejería de Cultura de Madrid, ofrece los vídeos de las conferencias impartidas y que reproducimos en nuestro blog. 


Mesa 4
Encuentro con Luis Zueco
Moderan: Javier Velasco y David Yagüe

En parte continuación de la Mesa 3, este segundo coloquio se centró en la trayectoria del escritor Luis Zueco, su método de trabajo e investigación y, en particular, en detalles sobre su último libro: El tablero de la reina.

En su conjunto, las dos mesas se desarrollaron en un ambiente de café literario con conversaciones enriquecedoras, incluso desde la tribuna del público.







Puede ver el programa preparado por la Asociación VerdeViento haciendo clic aquí.




Pequeños momentos de la Historia. Mesa 3. La novela histórica ¿Para qué?

23 de noviembre de 2023. 18:00 h. 

La Biblioteca Regional, a través del portal de YouTube de la Consejería de Cultura de Madrid, ofrece los vídeos de las conferencias impartidas y que reproducimos en nuestro blog.


Mesa 3
La novela histórica ¿Para qué?
Javier Velasco, David Yagüe y Luis Zueco 

Mesa coloquio de gran calidad en la que los periodistas y escritores Javier Velasco, David Yagüe, autores y prologuista de Entrevistas con Historia, y el escritor Luis Zueco, autor de El tablero de la reina, conversaron acerca del papel de la novela histórica desde sus inicios y la relevancia alcanzada en la actualidad.

Críticas, anécdotas y la experiencia profesional de los citados dieron clara respuesta a la pregunta planteada.





Puede ver el programa preparado por la Asociación VerdeViento haciendo clic aquí.




24 de noviembre de 2023

Pequeños momentos de la Historia. Mesa 2. Luchando contra las adversidades.

16 de noviembre de 2023. 19:00 h. 

La Biblioteca Regional, a través del portal de YouTube de la Consejería de Cultura de Madrid ofrece los vídeos de las conferencias impartidas y que reproducimos en nuestro blog. 


Mesa 2
Luchando contra las adversidades:
Francisca de Pedraza y las mujeres en el nuevo mundo. 
Olalla García y Elvira Menéndez

Mesa coloquio moderada por Carolina Molina, directora de las Jornadas madrileñas de novela histórica, en la que Olalla García, autora de La buena esposa, y Elvira Menéndez, autora de El corazón del océano, analizan el papel de las mujeres en el Nuevo Mundo.




Puede ver el programa preparado por la Asociación VerdeViento haciendo clic aquí.




23 de noviembre de 2023

Pequeños momentos de la Historia. Mesa 1. Ilustres golfos de Madrid

16 de noviembre de 2023. 18:00 h. 

Doña María Teresa Sánchez Avendaño, subdirectora de la Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina, inauguró la séptima edición de las Jornadas madrileñas de novela histórica que se celebrarán los jueves 16, 23 y 30 noviembre, y el jueves 14 de diciembre. 

Puede ver el programa preparado por la Asociación VerdeViento haciendo clic aquí

La Biblioteca Regional, a través del portal de YouTube de la Consejería de Cultura de Madrid, ofrece los vídeos de las conferencias para el público general y que reproducimos en nuestro blog. 


Mesa 1
Ilustres golfos de Madrid 
Eduardo Valero

Desde los golfines bandoleros hasta los golfos más pintorescos que animaron las calles de Madrid, los asistentes a la primera mesa pudieron conocer sus historias y curiosidades de la mano de Eduardo Valero García, cronista de las Jornadas y autor de Historia de Madrid en pildoritas y Benito Pérez Galdós. La figura del realismo español.

La charla sobre estas figuras de primer orden de la golfería madrileña se desarrolló en un ambiente distendido y participativo.








2 de noviembre de 2023

Séptima edición de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica. Madrid, 2023

Las Séptimas Jornadas Madrileñas de Novela Histórica recordarán los pequeños momentos de la historia.
Durante cuatro jueves consecutivos (16, 23 y 30 de noviembre, 14 de diciembre), la Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina acogerá a autores y autoras que hablarán de personas y momentos que la gran historia no suele tratar con frecuencia. Mujeres, hombres, momentos, épocas… Todos con un leitmotiv: no estar olvidados, pero sí permanecer ocultos tapados por una gran historia que devora todo y a todos. 


    Personajes como Luis Candelas o Francisca de Pedraza, la llegada de la Primera República a Madrid o un coloquio en el que se analizará el papel de la novela histórica serán algunas de las actividades que se celebrarán en el marco de las Séptimas Jornadas Madrileñas de Novela Histórica, que se desarrollarán en la Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina durante cuatro jueves consecutivos (16, 23 y 30 de noviembre, y 14 de diciembre). 

    El primer jueves, Eduardo Valero, cronista de la asociación Verdeviento, impartirá una conferencia en la que hablará de ilustres golfos de Madrid. A continuación, Olalla García, autora de La buena esposa, y Elvira Menéndez, autora de El corazón del océano, participaran en una mesa coloquio moderada por Carolina Molina que analizará el papel de las mujeres en el Nuevo Mundo. 

    La novela histórica será la gran protagonista del siguiente jueves, el 23 de noviembre. La jornada comenzará con una mesa coloquio moderada con Carolina Molina en la que David Yagüe, Javier Velasco y Luis Zueco, autores y prologuista de Entrevistas con Historia, conversarán acerca del papel de la novela histórica. A continuación, tendrá lugar un encuentro con Luis Zueco (autor de El tablero de la reina) moderado por David Yagüe y Javier Velasco. 

    El 30 de noviembre, el Madrid del siglo XIX será el gran protagonista de la tercera jornada de las Séptimas Jornadas Madrileñas de Novela Histórica. Ana B. Nieto, autora de Luz de Candelas, hablará de la figura de un personaje en el que realidad y leyenda se mezclan sin encontrar los límites entre una y otra. Le seguirá la conferencia “El espejo de Lhardy, punto de encuentro del Madrid del s. XIX” por María Pilar Queralt, autora de Amores de leyenda. 

    Finalmente, el ultimo día de las Séptimas Jornadas Madrileñas de Novela Histórica (14 de diciembre) estará dedicado a los grandes divulgadores de historia. De 18:00 a 19:00, Javier Santamarta, autor de Eso no estaba en mi libro de historia de la Primera República, impartirá la conferencia “La Primera República llega a Madrid”. Más tarde, de 19:00 a 20:00, será Cesar Cervera, autor de Los Borbones y sus locuras, quien hablará de “La relación íntima de los Reyes Católicos con Madrid”. 



 

La Asociación Verdeviento es una asociación cultural destinada a la promoción literaria y a la creación de eventos compuesta por un grupo de escritores y divulgadores residentes en Madrid. Sus miembros son Carolina Molina, Eduardo Valero, Olalla García, Víctor Fernández Correas y David Yagüe.  


4 de noviembre de 2022

Sexta edición de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica. Madrid, 2022

 
Tras el parón obligado por la pandemia, las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica vuelven este año 2022 par cumplir su sexta convocatoria. Con el título «En tiempos del Emperador Carlos», se realizarán varias sesiones dedicadas a la figura de Carlos V, como hombre y monarca, abarcando también los aspectos sociales y políticos que asomaron al Renacimiento. 
 

Las jornadas contarán con siete mesas, comenzando con la participación del Historiador del Arte, Sergio Ramiro Ramírez, autor del ensayo “Francisco de los Cobos y las artes en la corte de Carlos V”, que hablará del poderoso secretario Francisco de los Cobos, personaje influyente que responde a la forma de vida de la corte carolina. 

Ese mismo día, Eduardo Valero, el cronista de la Asociación Verdeviento que convoca las jornadas, tendrá un recuerdo para Juan de Austria, vecino, durante un tiempo, del municipio madrileño de Leganés. 

El segundo día se celebrará un coloquio entre los escritores Lorenzo Silva y Olalla García, moderado por el periodista Javier Velasco, director del portal Todoliteratura, con objeto de desentrañar las circunstancias que dieron lugar a la rebelión comunera. 

Víctor Fernández Correas, hablará en la tercera jornada, ya adentrándonos en diciembre, sobre Carlos V, como emperador y hombre, moderado por el periodista David Yagüe. Seguidamente se dará paso a una recreación ambientada en los tiempos del Renacimiento, desarrollada por el grupo recreacionista Una pica en Flandes. 

En el último día de actividades, el investigador de la Historia de Madrid, Juan Manuel Castellanos Oñate hablará del Madrid comunero y se clausurará con la intervención de la escritora María Pilar Queralt del Hierro que se centrará en la figura de Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, una mujer atípica, que a pesar de su corta vida supo mantener su posición de poder, incluso como gobernadora, en ausencia del Emperador. 

Las jornadas traen este año 2022 una novedad y es su realización en dos fases diferentes. Las dos primeras se realizarán en noviembre, durante los jueves 17 y 24, para terminar en diciembre, los jueves 1 y 15.

Como dicen los organizadores, estas jornadas llegan con nombre y número romano, dedicándolas a un César y Emperador, cuya herencia sigue muy presente en nuestra Historia e imaginario. 

Las VI Jornadas Madrileñas de Novela Histórica cuentan con el apoyo de la Biblioteca Regional de Madrid “Joaquín Leguina” (C. de Ramírez de Prado, 3, 28045 Madrid), en donde se celebrarán, organizadas por la Asociación Verdeviento. 

 

 VER PROGRAMA
(Clica sobre la imagen para acceder) 


La Asociación Verdeviento es una asociación cultural destinada a la promoción literaria y a la creación de eventos compuesta por un grupo de escritores y divulgadores residentes en Madrid. Sus miembros son Carolina Molina, Eduardo Valero, Olalla García, Víctor Fernández Correas y David Yagüe.

30 de noviembre de 2020

El Madrid medieval. Homenaje a José Manuel Castellanos Oñate

Por Eduardo Valero García 

 

    Las V Jornadas madrileñas de novela histórica recorren Madrid desde Complutum hasta el siglo XX. La sección correspondiente al Madrid Medieval no puede estar mejor representada que por José Manuel Castellanos Oñate, uno de sus más relevantes y activos investigadores.

José Manuel Castellanos Oñate durante su conferencia Las murallas medievales de Madrid: Paseo virtual, impartida en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País el 21 de octubre de 2019 (Fotografía: Andrés Molina González)

    Castellanos Oñate, Licenciado en Arquitectura, profesor de Enseñanza secundaria, es especialista en investigación y documentación de la historia medieval de esta villa matritense. Sus trabajos han sido publicados en revistas de historia, en los Cuadernos Medievales (Universidad Nacional de Mar del Plata. República Argentina) y en los Anales del Instituto de Estudios Madrileños, entre otras publicaciones. Además, ha participado en conferencias y rutas guiadas.

Ruta guiada por el Madrid medieval junto a miembros del grupo Historias matritenses. De iquierda a derecha: Belén Montilla, Malele Caro, Eduardo Valero y Nieves Vidal.

    Hombre tranquilo, sencillo y amabilísimo, viene ofreciendo sus conocimientos desde hace años a través de una importante variedad de libros y artículos que muestran aquel Mayrit casi desaparecido; ese Madrid del que en ocasiones aparecen vestigios al horadar el suelo la piqueta municipal o privada. Es en esos momentos cuando el “maestro” del medievo madrileño lucha por la conservación y señalización de los elementos arquitectónicos resurgentes de la primitiva ciudad. En esta tarea de defensa del patrimonio le acompañan, entre otros, los miembros de La Gatera de la Villa, emblemática revista online dedicada a temas madrileños. 

    Algunos de los libros de José Manuel comparten autoría con la conocidísima investigadora Isabel Gea Ortigas, y con las excelentes ilustraciones de Pedro López Carcelén. Pero otros, de única autoría, son indispensables para conocer no sólo los orígenes de la ciudad sino también de los madrileños de antes; me refiero a su obra 40 Linajes Madrileños, libro editado en 2017 por la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid. 

    Su labor incesante de investigación suma excelentes recreaciones, minuciosas y exactas, sobre edificios desaparecidos; es el caso de la primitiva mezquita, después iglesia, de Santa María de la Almudena. 

    Muchos de estos conocimientos están al alcance del lector en su blog El Madrid Medieval, su canal de YouTube y también desde su página personal de Facebook. 

    Antes le definía como un hombre tranquilo, sencillo y amabilísimo, ahora añado su modestia, porque siendo tan versado en la materia, jamás dará muestra de ello sino a través de su obra; cualidad ausente en estos tiempos de autovaloraciones tan rimbombantes como las de “experto”, “el que más sabe de…” y otras medallas que poco lucen. Para muestra, estas palabras suyas escritas en Memorias medievales de Madrid (2013): 

Cuando Madrid me propuso que yo escribiese, a su dictado, unas memorias medievales que tenía intención de sacar a la luz, me sentí halagado. Yo carecía de méritos suficientes para tal encargo, pues no creo que unos pocos cientos de páginas publicadas fuesen credencial bastante para merecer la confianza que mi villa me brindaba. Supongo que lo hizo, simplemente, por poner la empresa en manos de alguien lo bastante inexperto como para que no se atreviese a corregirle la plana en sus recuerdos. A pesar de todo, acepté encantado. Lo que a continuación podéis leer es el relato, palabra por palabra, que Madrid me dictó y que yo, fiel notario, os traigo aquí sin añadido ni enmienda. Mi trabajo, largo pero entrañable, acabó con el último punto final de estas páginas. Ahora que las tenéis delante -yo echo de menos, sin embargo, la gracia y la pasión con que Madrid las desgranaba-, permitid que os las recomiende encarecidamente. 

    Y parece que Madrid continúa animándole en esa apasionante tarea de rescatar su historia y de quienes formaron parte de ella. Así es que su última aventura -porque aventura es para un investigador ir más allá de lo historiado-, ahonda en la historia y andanzas de la capilla de Santa Ana, de la iglesia de Santa María. 

    Castellanos Oñate, inmerso en antiguos papeles de archivos, ha seguido la pista de la capilla hasta conseguir llegar al lugar donde están enterrados sus fundadores, Juan de Vozmediano y Juana de Barros, en la Sacramental de Santa María. Ya no existen las lápidas, pero el incansable y riguroso investigador localizó el punto aproximado bajo el cual reposan sus restos. Dicho así, tal y como me lo contó el protagonista del hallazgo, resulta emocionante.

    Para la Asociación Verdeviento, y para quien suscribe, poder rendir en las presentes Jornadas un homenaje a José Manuel Castellanos Oñate representa un gran honor, además del justo reconocimiento y muestra de agradecimiento por la valiosa obra que nos ofrece.

José Manuel Castellanos junto a miembros de La Gatera de la Villa y de la Asociación Verdeviento brindando en 2017 (De izquierda a derecha: Mario Sánchez Cachero, Eduardo Valero, Pablo Aguilera y Carolina Molina. (Fotografía: un camarero de El Madroño)

 

Os invitamos a conocer y disfrutar del trabajo de Castellanos Oñate a través de los siguientes enlaces a sus publicaciones. Para acceder, clicar sobre las imágenes. 

 

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26 de noviembre de 2020

V Jornadas Madrileñas de Novela Histórica (Virtuales)

El próximo día 30 de noviembre de 2020 comienzan las V Jornadas Madrileñas de Novela Histórica con el lema “Madrid resiste con la Historia”. 

 

    La Asociación Verdeviento, que las realiza con la colaboración de la Biblioteca Regional de Madrid, ha programado en este año COVID unas jornadas digitales a través del blog de las Jornadas Madrileñas en donde publicarán entrevistas, artículos y vídeos de novelistas y ensayistas dedicados a la Historia de Madrid, como viene siendo habitual. También este año contarán con firmas invitadas del género histórico nacional.

 

 

    Desde los antecedentes romanos de Madrid (Complutum) que tratará Esperanza Varo (co-autora de Ab urbe condita. La Roma de la gens Valeria), pasando por su etapa medieval con el investigador José Manuel Castellanos hasta llegar al Madrid de los teatros del s. XVII con la amante del rey Felipe IV, la Calderona. Será Elvira Menéndez con su novela Vida de una actriz, la que recreará esos momentos para posteriormente dar un salto al Madrid decimonónico con Un Episodio Nacional de Carlos Mayoral y finalizar en los primeros años el s. XX con las novelas La reina del exilio de Herminia Luque y Los ojos de Galdós de Carolina Molina. 

    En este año de confinamientos y resistencia ciudadana, también habrá una referencia a los barrios más emblemáticos de Madrid. María Pilar Queralt del Hierro que participa con su libro Protagonistas de la Historia, anécdotas y curiosidades con nombre de mujer ofrecerá su visión del emblemático barrio de La Latina asociado a Beatriz Galindo, maestra de la reina Isabel la Católica. Maribel Orgaz, con su libro Mujeres en la Historia de Madrid, ampliará nuestro recuerdo hacia aquellas mujeres que fueron parte de esta ciudad. 

    Víctor Fernández Correas recreará los barrios humildes del Madrid de los años 50 que ambientaron su novela Se llamaba Manuel. Barrios que no dejan de ser pequeños universos con sus tiendas y cafés, lugares de culto de los que hablará en sus artículos el periodista Javier Velasco. 

    Eduardo Valero, cronista de las jornadas, autor de Historia de Madrid en pildoritas, de Benito Pérez Galdós la figura del realismo español, y de la publicación seriada Historia urbana de Madrid, nos sorprenderá una vez más con sus crónicas sobre la Villa y Corte y los madrileños de antaño.

    Las V jornadas contarán con la colaboración del portal literario Todoliteratura, además de la revista Pasar Página dirigida por Almudena Gutiérrez. 

Comenzarán a partir del 30 de noviembre de 2020 y se clausurarán el 10 de diciembre.

 

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28 de octubre de 2020

Galdós y la ropa de las mujeres, por Maribel Orgaz

Existe una relación directa entre la moda femenina y las novelas de Benito Pérez Galdós. Independientemente de los conocimientos del escritor sobre el vestir de las damas, parte de su obra, incluidos los Episodios Nacionales hasta 1896, fue impresa en los talleres de La Guirnalda, periódico quincenal «dedicado al bello sexo». En 1873 Galdós colaborará en esta revista femenina con una serie de artículos que sumaban la parte literaria a otros de enseñanza, religión y labores. 

De París llegaban las últimas novedades a través de El Correo de la Moda, revista con bonitas litografías a color. Son las que ilustran el artículo que nos ofrece para el Encuentro Galdosiano la escritora y periodista Maribel Orgaz. 

 


 

    Los zapatos rojos de Diana, en el cuento Celín o el precioso vestido color melocotón de Rosalía Pipaón en La de Bringas y el traje rojo de Eloísa en Lo prohibido; las botas amarillas de Mauricia la Dura; los corsés, las joyas de pelo y el collar de haba. Las novelas de Galdós están llenas de una minuciosa atención a cómo vestían las mujeres de su tiempo. 

 


 

    El corsé o las batas desgatadas para estar en casa, el polisón o los metros de tela desplegados junto a la costurera. Las mujeres galdosianas de cierto nivel social pasean vestidas por sus novelas con una ropa quizá maravillosa y espléndida pero a menudo criticada por él mismo, por oprimirlas tanto física como espiritualmente. 

    En ese cuento fantasioso que es Celín, su protagonista desesperada por la muerte de su prometido piensa en suicidarse tirándose al río. Sale a la calle con un manto de tapada que sólo le permite ver por un ojo. Lleva medias y zapatos y su ropa no está pensada para una mujer que anda de un lado a otro. Por el camino al río, conoce a un joven y en un gesto simbólico se descalza y pisa los charcos con alegría. En sus páginas, las ropas de las que Diana se va deshaciendo simbolizan los prejuicios de su clase social: conoce a un joven pobre del que se enamora, ambos atraviesan la ciudad y duermen en las ramas de un árbol vestidos con una especie de túnicas, cómodas y holgadas. 

    La burguesía, la clase social en ascenso que él quiso retratar con fidelidad notarial vestía a sus mujeres contenidas en corsés y entorpecidas en sus movimientos con el polisón. De la mañana a la noche, se observaba un protocolo de vestimenta que incluía el tamaño adecuado del estampado de flores de los pañuelos. Los colores, como él mismo se lamenta, fueron desterrados al borde de la capa en los hombres y al mantón de las modistillas y la gente humilde. Las señoras, excepto en el baile, llevaban colores humo, verde oscuro, granate, negro. De la moda francesa, se pasó a la dictada por Inglaterra y allí lucía muy poco el sol. Toda la vestimenta madrileña se oscureció. 

    De todas las prendas que las mujeres tuvieron que librarse poco a poco para poder practicar deporte, dar grandes caminatas e incluso respirar destaca el corsé al que se atribuyó no sólo indigestiones o hemorragias internas sino un permanente jadeo por cualquier actividad cotidiana que no fuera estar casi en reposo. No es de extrañar que los médicos, cuando una mujer enfermaba recomendaran paginación que podían hacer sentadas en la silla pasando las hojas o progresión en carruaje, subirse a un coche de caballos y darse un paseo. Las mujeres burguesas que retrató Benito Pérez Galdós creían que la polca provocaba hemorragias porque era un baile un poco más agitado que el rigodón, por poner un ejemplo. Lo cual no es de extrañar si se oprimían el torso hasta disminuir la capacidad de respiración. 

    La experta galdosista Marta Blanco afirmaba en una exposición sobre la indumentaria en las novelas de Galdós: 

"... él basó sus personajes en la descripción que formula desde el rostro hasta el cuerpo, y en éste se recrea magistralmente. El propio autor ha legitimado su discurso de la moda en obras como Fortunata y Jacinta como uno de los resortes que mueve el mundo”.

 

Maribel Orgaz 

Periodista y escritora 
Autora de Mujeres en la Historia de Madrid, Editorial Sargantana


 

 

 

 

 

 
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27 de octubre de 2020

El alumbramiento, por Marta Cediel García

Durante el Bienio Galdosiano hemos leído infinidad de artículos sobre la vida de Galdós, unos con mayor acierto que otros en su contenido y con algunas opiniones que crearon polémica. Conocimos interesantes estudios sobre su monumental obra, sus tiempos de periodista y dramaturgo, y otros aspectos de su vida canaria, madrileña y santanderina; reflejados también en varias biografías.

No faltaron las exposiciones, ciclos y conferencias en conmemoración del centenario de su fallecimiento. Afortunadamente, para estos actos, muchos dedicaron todo su tiempo, esfuerzo y sabiduría en mostrarnos al Galdós más humano.

Otros, desde los más nobles sentimientos, se expresan a través de dibujos, poesías, novelas y cuentos. Recordemos que Don Benito escribió una serie de cuentos fantásticos, relatos cortos en los que la realidad se fusiona con la fantasía. Esa conjunción está presente en el cuento que hoy publicamos, obra de la escritora independiente Marta Cediel García.

Marta es una de las tantas personas que se encontró con Galdós en la adolescencia. A muchos nos ocurrió eso, fuese por las pobladas bibliotecas domésticas, el interés de un familiar o amigo en invitarnos a conocerle, o el buen hacer de los profesores de otros tiempos. Independientemente del caso y el momento, Galdós se quedó en nosotros y forma parte de nuestras vidas. 

Así cuenta Marta su experiencia: 

Con doce años perdí a mi hermana de quince. El hogar adquirió un color gris, como el tono neutro del dolor y, las paredes se volvieron húmedas, como las lágrimas. Solo había un pequeño espacio en el que refugiarse, una burbuja donde otro mundo dominaba las sombras: era mi dormitorio, y, miles de personajes de mis libros habitaban allí, a su anchas.
Un día, mi profesor me entregó un libro titulado Doña Perfecta. Era mi turno para leerlo en la biblioteca del colegio. 
Ese día, Galdós entró en mi vida para no marcharse nunca. La rabia que me inspiraba la tiranía de doña Perfecta, la piedad que despertaba en mí Rosario, el amor apasionado de Pepe Rey, la altanería de la de Bringas, la pasión de Fortunata, la tristeza de Jacinta, la desconfianza del Conde de Albrit, la amargura de Tristana, el egoísmo de don Lope, la timidez de Marianela, la desesperanza de Tormento, la bondad de Benina… todos llegaron para acompañarme y hacer más llevaderas mis penas… con las suyas. 
En mi pequeño relato, he querido recrear el agradecimiento de los personajes de su obra al autor que les dio vida, así como yo expreso mi reconocimiento por quien me prestó sus alas y me regaló miles de horas de evasión.

 Y en este relato traslada su sentir:

 


     El silencio se había adueñado de la casa. La expectación mantenía tensa a la familia, reunida en el salón principal. Algunos mantenían los ojos bajos, otros miraban los cuadros colgados en la pared. Los mayores, conscientes de la situación, observaban al padre, atentos ante su preocupación. Los nueve hermanos esperaban que su madre alumbrase al nuevo vástago en aquella numerosa familia. La parturienta, como era costumbre en aquellas tierras, se había trasladado, con las primeras luces del alba, al cuarto de costura, habilitado con un catre de tijera y abundancia de palanganas y toallas para evitar deterioros en su propia alcoba. Los dolores del parto habían comenzado hacía ya diez horas y a la madre, con cuarenta y tres años, la atendían la matrona y su fiel Teresa.

El frufrú de las faldas de la doncella se percibía a través de la puerta cerrada, cuando esta subía y bajaba la escalera a toda prisa. Manuela, la pequeña, con tres años apenas, sabía que algo importante ocurría en casa y se levantó de golpe, como impulsada por un resorte, cuando todos escucharon un grito que desgarró la espera. Apenas unos segundos más tarde, el vagido de un recién nacido creaba tal alborozo, que todos se abrazaron felices, las mayores con un alivio en sus caras que llenó de orgullo a don Sebastián, curtido en mil batallas contra los franceses, pero vulnerable ante la llegada de otro hijo. Estaba a punto de cumplir sesenta años y la edad le pasaba factura ante las emociones y la incertidumbre del futuro de su familia. 

    Dolores, de cinco años, con el nombre y la sagacidad de su madre, se acercó al balcón y se llevó la mano a la boca, sorprendida por algo. La mayor, Soledad, con sus dieciocho maternales años, se acercó presurosa para descubrir lo mismo que su hermana pequeña. Con un aspaviento de mano, alertó al padre para que se acercase: En la acera de enfrente, un extraño y variopinto grupo de personas miraba atentamente hacia la casa. 

Don Sebastián corrió el visillo sin disimulo y, sorprendido, observó a los allí presentes:

Había una señora muy mayor, encorvada y con ropas al límite de ser andrajos, excesivas para el calor de ese mes de mayo por la tarde. Vio a un caballero de distinguido porte, con una melena blanca y leonina que se unía, sin aparente fisura, a una gran barba que le llegaba al pecho. Estaba escoltado por dos niñas rubias que le apretaban la mano, protectoras, como si el anciano no pudiera valerse por sí mismo. Al lado, próximas, pero con las debidas distancias, destacaban dos mujeres hermosas, una rubia y elegante y otra morena y manola, como las de los barrios castizos de Madrid. Ambas se abanicaban y trataban de rebajar el color de sus rostros arrebolados. Más allá, una dama vestida de negro y altiva, como solo lo es aquella que domina a todos los que la rodean iba acompañada de una bellísima joven, de aspecto tímido y con la cabeza agachada, como la que esconde sus pensamientos de algún carcelero.

    Pegada a la pared y apoyada con atrevimiento, esperaba una mujer de rasgos finos, cuyo rostro estaba cubierto por afeites y sus labios por rojo carmín; alternaba su mirada entre la casa, pendiente de lo que allí ocurría, pero sin perder de vista a otra señora, que por sus ricos ropajes parecía de la alta burguesía; esta movía sus blancas y regordetas manos y provocaba con ello un tintineo, intencionado, que distraía, para su regocijo, la atención de sus acompañantes, pendientes del balcón de enfrente. 

Más allá, apartada y con un pañolón a cuadros en la cabeza, una joven no conseguía ocultar sus cicatrices de viruela. Vestida modestamente, miraba a la casa y cambiaba de posición entre los que estaban más alejados, como si quisiera eludir a alguien. Un joven apuesto, vestido con levita gris, parecía buscarla, musitando su nombre, indeciso y apoyado en un blanco bastón. La misma situación parecía repetirse con otra joven, sencilla y con una hermosura natural, sin artificios, que trataba de alejarse de un sacerdote con la sotana descolorida y remendada que le colgaba del cuerpo, como si no fuera suya, con ojos que alternaban locura y sensatez. Delante del grupo ocupaba su lugar una señora de luto riguroso y con un rosario entre las manos, que erguía su figura con piadosa altanería. 

Algunos militares, unos con chapela roja, otros con cascos dorados y coronados de altas plumas, todos con sable y condecoraciones en el pecho, arañaban el suelo con botas lustrosas y evitaban mirarse entre sí. Unos llevaban uniforme extranjero, otros, español, y algunos, lucían pañuelo atado a la cabeza y catites con borlas. Su mirada era torva y oscura, y escondían con soltura sus navajas y pistolones bajo mantas estriberas echadas sobre un hombro. Por último, mujeres sencillas, con sus delantales y manteletas de colores, miraban con ojos entrecerrados y suspicaces a los soldados intrusos.

    Don Sebastián pensó que la presión del momento le había arrebatado el juicio, pero, puesto que los visitantes permanecían allí en espera, prudente y educado, venció su sorpresa y abrió la balconada:

―Buenas tardes tengan ustedes ―Se dirigió a todos con una leve reverencia de cabeza― Disculpen mi atrevimiento, pero… al verles a todos enfrente de mi casa, debo preguntarles si desean algo de mí o de mi familia. ―Después de una breve pausa, en la que volvió a recorrer con la vista a aquellas extrañas figuras, prosiguió: ―Me temo que no les puedo dedicar más tiempo, mi esposa acaba de alumbrar a mi décimo hijo y debo atenderlos sin demora. 

―No por Dios, no se disculpe… ―dijo el caballero de la melena blanca, mientras se descubría, majestuoso, e inclinaba la cabeza ― Nosotros ya nos vamos. Sólo queríamos asegurarnos de que había nacido Benito. 

―Pero… ¿Cómo saben que le bautizaremos con ese nombre? ―Exclamó perplejo Don Sebastián.

―Porque es nuestro creador, señor mío. Nosotros somos su obra…y algunos hemos venido solo a corroborar su llegada al mundo y por tanto… la nuestra. ―El caballero, con un leve gesto de despedida, se colocó con esmero su sombrero y con las manos enlazadas a las de sus nietas, se dispuso a alejarse calle abajo. Ya estaba tranquilo y sabía que en mil novecientos cuatro, El abuelo, sería una gran novela.

    El resto de personas que componían aquel curioso grupo se alejó con parsimonia del número treinta y tres de la calle Cano, en la Palmas de Gran Canaria. Eran las seis de la tarde del diez de mayo de mil ochocientos cuarenta y tres. Había nacido Benito Pérez Galdós, unos de los más grandes e ilustres escritores españoles de toda la historia de la literatura, autor de más de cien obras, entre teatro, novelas, ensayos y relatos. 

Solitarios, cada uno en su papel, desfilaron poco a poco aquellos personajes: Fortunata, resuelta y esponjada con su mantón, Jacinta distinguida y cauta, ambas seguidas de cerca por doña Guillermina, con su rosario enredado entre los dedos; Doña Perfecta, altiva y seca como el cuero con su dulce hija Inés; la joven lisiada Tristana, con sus muletas y su rostro amargado; la ambiciosa señora de Bringas con su tintineo de joyas; la apocada y tímida Tormento, con don Pedro a la zaga, sacerdote hosco y fiero que no se separaba de ella. Apenas a unos metros, seguían militares de todo signo: españoles, franceses, polacos, egipcios mamelucos y bandoleros. 

Cerraba la comitiva la descarriada Isidora, retadora engañada, desheredada y arrojada a la mala vida por algunos desalmados. Con paso torpe, seguía la pobre Benina, lleno de misericordia su corazón y con la mendicidad en mente como último recurso para dar de comer a su señora, doña Paca. Por último, Marianela, con el rostro oculto y marcado eternamente, y a su lado, el joven caballero con aire confuso, al que guiaba su corazón porque sus ojos se lo impedían. 

    Don Sebastián, que había luchado en la guerra de la Independencia en mil ochocientos ocho, no podía imaginar que, con sus historias y recuerdos, años más tarde sería uno de los principales instigadores de la explosiva imaginación de su hijo. Esperó unos minutos absorto, mientras aquellas figuras caminaban lentamente. La calle era estrecha, de cantos rodados y delimitada por una pequeña zanja que conducía las aguas hacia el convento de San Bernardo. Dudó de nuevo de su cordura al ver que aquellos personajes se desdibujaban lentamente al final de la vía, como trazos imprecisos de pintura al óleo. Pensativo y perplejo, cerró la celosía verde del balcón, después apartó con dulzura a todos sus hijos, curiosos y apiñados tras él, y se dispuso a ser el primero en abrazar al recién nacido. 

 

Marta Cediel García
Perales de Tajuña
Año 2020, centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós

 

 

 

 

 

 
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Galdós, el aire romántico de un realista. Por Carlos Mayoral

 

    Es una sensación que se produce en prácticamente todos los lectores de Galdós: las dos primeras series de la colección de los Episodios Nacionales son muy distintas a las posteriores. Y no sólo por el hecho de que transcurran veinte años entre la redacción de unas y otras, no. Hay algo más. En las novelitas escritas hasta el año 79, se descubren ante nosotros personajes mucho más heroicos, y no lo digo sólo por los protagonistas, Gabrielillo, Monsalud y sus adláteres, lo digo también por los propios personajes históricos, que resultan más respetables y decentes que los que aparecerán en las narraciones a partir de 1898. En esas dos primeras series, el cuadro que dibuja Galdós desprende un aroma idealista, soñador, quijotesco en algún punto. En las tres últimas, ese idealismo da paso a un pesimismo agobiante, a la sensación de habitar una España gris, podrida en sus cimientos políticos, con problemas estructurales difíciles de solucionar. 

    Es curioso, puesto que estas dos primeras series dan cobertura al periodo comprendido entre Trafalgar y la muerte de Fernando VII, esto es, al periodo más convulso de la España moderna; mientras que las tres últimas abarcan, principalmente, las épocas de Isabel II y, sobre todo, la Restauración, que en términos objetivos son periodos mucho más estables, en los que, si eliminamos el paréntesis de locura general surgida durante el Sexenio Democrático y las guerras carlistas, hablamos de casi sesenta años en los que el país crece, se moderniza, deja atrás el absolutismo y el régimen casi medieval con el que Fernando VII sometía al pueblo en las primeras series, y construye un régimen democrático, con mil y un problemas, pero que sobrevivió sin pestañear a desastres como el del 98. Es decir, Galdós analiza con mucho más respeto y mucha más admiración una época donde el liberalismo que él abraza es perseguido, donde el hambre y el analfabetismo corren a sus anchas por todo el país, y donde la vida es, desde la neutralidad, mucho peor. ¿Por qué? La respuesta es clara y es la que da forma a este artículo: Galdós es un romántico.

 

Romanticismo literario 

    Cuando ideaba la novela que más tarde publiqué sobre Galdós, esta idea no dejaba de rondarme. Mi argumento transcurre entre los años 1888 y 1890, es decir, en los años de más éxito en la carrera del canario. Acaba de publicar Fortunata y Jacinta, su fama ya cruza el charco, y precisamente a lo largo de la novela se trata el tema de la Academia, institución en la que está a punto de ingresar. Sin embargo, me daba cuenta por los textos y por el giro de sus novelas, que aquel era un Galdós mucho más crepuscular, hastiado ya de una sociedad que se desangra en gris. Sus personajes se suicidan por tedio o por descontento, las quiebras económicas se alternan con las quiebras espirituales. El realismo le sirve a Galdós para mostrarle al lector la cara menos amable de la existencia, y no tiene nada que ver con el tono romántico de sus primeros párrafos. ¿A qué se debía este cambio? 

    No debemos olvidar que Galdós nace en los años cuarenta, es decir, en el momento en el que el romanticismo literario golpea con más fuerza en España. No es cuestión baladí. Aquí el romanticismo ha surgido tarde, Larra ha escrito sus mejores artículos entre el 36 y el 37, y a partir de ahí surge el mejor Duque de Rivas, el mejor Espronceda, hasta llegar al Tenorio que Zorrilla estrena en el 44. Por ahí sigue coleando esta tendencia, que podríamos decir que cierran Rosalía de Castro y Bécquer, dos autores que casi pasan por coetáneos de Galdós. Por tanto, el movimiento se populariza cuando el canario es joven, lo cual le permite admirarlo desde los ojos abiertos de la pubertad, y crece con él, con figuras de su generación que se insertan en la tendencia sin anacronismo, y que traen a España el idealismo alemán, traen a Victor Hugo, a Chateaubriand, a Byron, el krausismo y tantas otras aristas de la corriente. 

    A este rasgo contextual hay que añadir que uno de los mentores de Galdós, Mesonero Romanos, había pasado por ser uno de los grandes románticos de las letras hispanas. Desde el costumbrismo, cuya melancolía atravesó todo el romanticismo, Mesonero es una de las plumas más reconocidas, que no dudará a la hora de reconocer en Galdós a uno de los grandes autores del siglo, pese a los cuarenta años de edad que les separan. Será Mesonero quien ayude al canario a la hora de redactar los Episodios Nacionales más heroicos, aquel Gabrielillo que lucha contra los franceses fusil en ristre, aquel Salvador Monsalud que se enfrenta al medio-hermano carlista. Será Mesonero quien le explique a Galdós cómo eran esas calles de Madrid antes de que el rey plazuelas hiciese honor a su apodo y llenase la ciudad de explanadas. Será Mesonero quien le cuente al canario cómo se ejercían aquellos oficios en tiempos de Requejo, cuando la calle de la Sal era centro neurálgico de la urbe, y los gremios de pretineros, de cuchilleros o de latoneros eran eso, núcleos sociales y profesionales, antes que meras calles del centro.

    De este modo, las primeras novelas de Galdós desprenden aún ese aroma romántico que el canario tanto ama. La Fontana de Oro, La Sombra y El Audaz, con las célebres tertulias cuasirrománticas, con su espíritu exaltado, su sentido de la justicia, el carácter aventurero de Lázaro, o el alma revolucionaria de Martín Muriel. Es nuestro Galdós todavía en estas novelas y en los primeros Episodios un hombre que pelea, que lucha contra el tradicionalismo desde un liberalismo agitador, alborotado, que se refleja perfectamente en su prosa, y que se aleja mucho de aquel último Galdós ya más sosegado y espiritual.

    Era necesario para mí, a la hora de definir el personaje, de trazar los rasgos de su personalidad, asimilar este contraste entre aquel Galdós romántico y este Galdós mío, que a todo mira ya con recelo, que terminará arruinándose por su propia desconfianza, y que observa con asco los avatares de la alternancia política. 

 

Romanticismo histórico 

    En el capítulo XVII del Episodio Nacional titulado Bailén, Galdós afirma que Andalucía ya era romántica en 1808. Y no lo dice por casualidad. Lo cierto es que, si atendemos a aquella España de finales de siglo XVIII y principios del XIX, nos encontramos con extraordinarios personajes, heroicos y novelescos. Igualmente se topa uno con el poeta José Cadalso, que desenterró a su amada en episodio lúgubre; o con el abate Marchena, que le plantó cara a Robespierre en tiempos de la Revolución hasta ser clave en el ascenso de Napoleón; o con Churruca, que combatió solo contra seis navíos ingleses con la pierna amputada por una bala de cañón; o con el Empecinado, maravillosamente retratado por el canario, que reclutó a su familia para lanzarse al campo y desgastar a los franceses durante la invasión napoleónica. Galdós ama a este tipo de personajes históricos, pero en la época de su apogeo, alrededor de los años ochenta del XIX, en el lapso de tiempo que intento retratar en la novela, empiezan a desaparecer. Quizá las figuras más importantes ahora pasan por pensadores, oradores, tribuneros y políticos. Faltan esos poetas que le cantan a la muerte, faltan esos militares épicos, falta ese pueblo que se lanza a las calles para defender el pan a costa de la vida. 

    En mi novela, Galdós trata el asunto del asesinato de la calle Fuencarral, un crimen que aconteció en el verano del 88, y que conmocionó a la sociedad. El interés del autor por el crimen no es ficción. Se preocupó mucho por desenlace el caso, lo siguió de principio a fin, escribió varias crónicas para La Prensa de Buenos Aires e incluso a la que en un principio fue tomada por asesina, la criada Higinia, la trató como a una heroína de cuento. Estudiado el contexto, era evidente que en ella veía un reflejo de aquella vieja España epopéyica. En un entorno tan monótono como Galdós veía en esa Restauración, en esa alternancia caciquista de partidos, la aparición de pequeños personajes como esta Higinia era para él como un soplo de aire fresco, como rememorar a los poetas, militares y campesinos que elevaron al héroe cotidiano del romanticismo. 

    También aparecen por mi novela varios personajes históricos: Salmerón, Cánovas, Sagasta… Todos representantes de aquella época democrática sin democracia, a los que Galdós trató, en algunos casos admiró, pero siempre de una manera muy alejada de la veneración que profesó por aquellos reyes que tan rápido amarraban al vulgo con caenas como abrazaban las premisas de un liberalismo incipiente según el peligro que corriese su vida; muy alejada de aquellos políticos que eran asesinados en la playa de San Andrés por planear mal un desembarco al grito de ¡Viva la libertad!; muy alejada de aquellos militares que luchaban contra los Cien Mil Hijos de San Luis hasta el hastío, y a los que solo por desfallecimiento podían llevar a ahorcar a la plaza de la Cebada. 

    Galdós hubiese sido feliz, en su imaginación desbordante, naciendo cuarenta años antes, en el año 1800, como Balzac, y vivir revoluciones, dictaduras, luces, sombras e ilustraciones; y que toda esa heroicidad se reflejase en su obra, como se reflejó en La Comedia Humana, con personajes que persiguen la grandeza, el honor. Pero a él le tocó vivir la espesura de aquella España finisecular, un compendio de mediocridades que, pese al ya referido avance que se produjo en el conjunto de la sociedad, no dejaba espacio, salvo en honradísimas excepciones, para personajes intrépidos.

 


El Madrid romántico 

    El último actor en este drama romántico que acompañó a Galdós es la ciudad que lo vio morir hace ahora un siglo. Madrid es mucho más que una urbe para el canario. En el imaginario ha quedado la certeza de que es su tablero de juego, el espacio por donde transita su propio mundo de ficción. Allí, personajes que aparecen como principales en una novela dan un paso atrás en la siguiente para ser secundarios; los que protagonizan monólogos en un relato pasan a conformarse con un cameo en los posteriores; los que regentan una tienda de paños en el año 1808, protagonistas de un Episodio Nacional, son los ancestros de los que se dedican al negocio de la tela en Fortunata y Jacinta, sesenta años más tarde. Es decir, el Madrid de Galdós es una fotocopia del Madrid real. Pero se da un matiz: hablamos del Madrid que construye Galdós cuando ya conoce la ciudad, cuando se ha empapado de sus calles y sus costumbres, cuando ya ha asimilado su cultura y sus raíces, cuando ya ha calado a sus vecinos y a sus visitantes. El Madrid que teje Galdós en sus novelas contemporáneas es un Madrid realista, que se sustenta sobre el conocimiento infinito de su autor. Ahora bien, ¿cómo era el Madrid de Galdós antes de que Galdós lo conociese? 

    El Galdós que ve crecer su talludo cuerpo en la adolescencia insular observa la capital con una admiración absoluta. Diríamos, por seguir con la comparación, que aquel primer Madrid que imaginó Galdós desde las islas es un Madrid romántico, muy alejado del Madrid realista por el que como escritor pasó a la historia. Es el Madrid de las academias afrancesadas y de los mejores museos; es el Madrid de los motines y las revueltas, de las desamortizaciones y los levantamientos; es el Madrid de la corte y sus satélites, pero también de los suburbios y el mercadeo; es el Madrid de las sociedades secretas y los gremios influyentes; es el Madrid de Quevedo y Lope, de Larra y los Moratín; es el Madrid de Goya y Velázquez, de Sabatini y de Ventura Rodríguez. Madrid es, en definitiva, el lugar donde ocurrían las cosas. 

    De hecho, aquel Madrid idealizado cumple con las expectativas del joven Galdós al poco de instalarse en él. Asiste tiempo después a la noche de San Daniel, donde la guardia civil a caballo carga con bayoneta contra los estudiantes de la ciudad, regando la Puerta del Sol de sangre joven. Poco después se produce la revuelta de San Gil, es destronada Isabel II, y se da paso a los seis años más locos de la historia moderna del país, con el ya citado Sexenio Democrático. Pero la vuelta de Alfonso XII coincide con su época de madurez intelectual, y también con la madurez histórica de un siglo completamente loco. Madrid pasa de ser un lugar idealizado a ser su lugar en el mundo. Es decir, pasa del ideal romántico al realismo más concluyente. Como todo en él. Pese a ello, siempre quedaría, en el ánimo del genial escritor canario, el poso de aquel romanticismo heroico y valiente, osado y tenaz. 

 

Carlos Mayoral
Autor de Un Episodio Nacional
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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