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28 de octubre de 2020

El desconocido estreno de Realidad en Galicia (Parte III)

 

ESTRENO DE REALIDAD EN VIGO POR LA COMPAÑIA DE E.VILLEGAS 

 

Retrato de Galdós publicado en La Libertad del 16 de marzo de 1892

 

    Las reticencias que se planteó Vico para llevar a la escena el primer drama de Galdós, no las tendría Emilio Villegas[27], que ya el 19 de Abril anuncia en los periódicos de Vigo el estreno de Realidad, que se pondría en escena el 25 de Abril, es decir, que casi un mes antes de la carta de Antonio Vico a Galdós; Villegas con su compañía había representado la obra en la ciudad de Vigo, estando aún muy reciente su estreno en Madrid. En relación con esta función, muchas son las preguntas que se plantean y para las que de momento no hay respuestas precisas, como la relativa a la obtención del texto por parte de Villegas, cómo puso en escena la obra sin autorización del autor ni de los actores que tenían permiso para representarla, o si tuvieron conocimiento de este hecho Galdós o Vico. 

    Posiblemente sea esta una de las primeras representaciones de Realidad en provincias, tan sólo unos días después de que Mario la pusiera en Zaragoza, y estando muy reciente su estreno en Madrid. Alguna crítica de Vigo se inicia señalando lo “reciente [que] está su estreno en el teatro de la Comedia. Hallase aún pendiente y abierta la discusión sobre la obra”[28]. He localizado tres diferentes periódicos en Vigo, que hacen referencia a la puesta en escena de Realidad y cuyas críticas no coinciden en algunos de los datos señalados, y aportan algunas notas de interés. 

    En El Independiente, del 26 de Abril, nº 1814 sólo dedican a este acontecimiento teatral las siguientes cuatro líneas: «TEATRO-CIRCO: Verificóse anoche la despedida de la compañía del Sr. Villegas, con estreno del drama del Sr. Pérez Galdós, titulado Realidad. El teatro estaba animadísimo y los actores recibieron muchos y merecidos aplausos»[29] 

    En La Concordia, de la misma fecha, destinan a la representación una columna que carece de firma. Bajo el epígrafe El drama de Galdós, se comenta el estreno de Realidad, por la Compañía de Villegas. Esta crítica es bastante llamativa ya que la mayor parte de su texto es una reproducción de algunos de los comentarios publicados por Emilia Pardo Bazán en su artículo sobre Realidad[30]. El argumento de la obra es presentado así: “Una mujer casada que tiene un amante y que sobre verle a solas le dedica frases de ternura y le habla de cerca con cierta expansión... es lo inaudito en materia de inmoralidad. La sociedad y la familia no podrán resistir este golpe de piqueta, asestado contra sus mismos cimientos . Y añaden los moralistas: Ay de mi, si yo hubiese traído aquí a mis hijas[31]

    Este pasaje, que extracta de manera simple y superficial el argumento del drama y que expresa una opinión negativa del contenido del mismo, está copiado de Emilia Pardo Bazán, sacado de contexto y totalmente tergiversado. En su crónica Dª Emilia fustiga con ironía y mordacidad la doble moral burguesa y la hipocresía social del momento. Para ello utiliza un ficticio diálogo de moralistas, varón y hembra, oído por ella durante el segundo acto. A la señora le repugnaban mucho las primeras escenas «En su opinión, el autor podía haber sacado a la escena a la Peri..., siempre que la Peri hablase sin descoco, muy por lo fino, y siempre que ningún detalle revelase al espectador que nos encontrábamos en casa de una pájara tal». La conversación continúa manifestando la típica doble moral de la burguesía de la época, para ignorar aquello que no se quiere ver. Al caballero le desatinaba del segundo acto que una mujer casada tenga un amante, que le vea a solas, que le diga ternezas. La sociedad y la familia no podían resistir tal desvergüenza. Concluía diciendo que menos mal que tal obra no la veían sus candorosas hijas. Con mordacidad Pardo Bazán habla de las obras que estas jóvenes candorosas vieron en los días sucesivos, como Edgar, los Hugonotes, La Traviata... «Abrazos y besuqueos no faltaban en todas estas óperas; pero, ¡qué diantre!, en italiano, que no es lo mismo.», y también señala, con ironía que este serio moralizador que lanza sus diatribas contra la inmoral obra de Galdós, a eso de las once abandona el Casino, para echarse un parrafillo con la Peri ya que «hasta cerca de la una no se acaba el Real, y aun tendrá tiempo de recoger, con el landó, a la señora y las niñas...»,[32]

    El texto utilizado por el comentarista vigués de la Concordia, es el pensamiento del caballero sermoneador retratado por Emilia Pardo Bazán, que al sacarlo de contexto pierde evidentemente su ironía. En esta ocasión el afanoso copista, utilizó la tijera para desvirtuar la crítica y hacer un resumen equívoco del contenido de la obra, ya que lo que parece evidente es que a él le disgusta lo mismo que al caballero retratado por la escritora gallega.. Por último el articulista recoge la actitud del público ante Realidad: «La impresión que esta obra produjo en el público vigués ha sido fría. El auditorio escuchaba en silencio aquellos actos y escenas escritas en tan hermosa prosa. Ni un solo aplauso resonó en la sala. A la una y cuarto de la madrugada terminó el espectáculo» La crónica finaliza refiriéndose a la ejecución «falta de ensayos. Sólo el Sr. Villegas y la Sra. Luna merecen elogios.» 

    En El Faro de Vigo, del 26 de Abril, en la columna de Espectáculos, también sin firma se recoge este estreno del Teatro Tamberlick y en ella encontramos ecos de la crítica madrileña, como en lo relativo a la longitud de la obra y en el discutido enfrentamiento novela-drama. El cronista comienza señalando la dificultad de trasladar personajes y escenas del amplio marco de la novela al estrecho recinto de la escena[33]. En cuanto al tema del adulterio opina que «puede asegurarse que está resuelto con alto sentido filosófico y de modo original y grandioso. El insigne novelista se separa un tanto, es cierto, del convencionalismo antiguo, en momentos se nos presenta como un verdadero naturalista, en otras figúrasenos un consumado discípulo de la escuela melodramática». A pesar de ello, señala que no existe en su obra la formula del arte dramático buscada para lograr nuevos caminos. 

    Añade que la importancia de esta producción teatral se revela en las primeras escenas del último acto, ya que los cuatro primeros son de carácter expositivo que, pese a que contienen pensamientos bellísimos no concentran la atención y el interés del publico, con la fuerza que conseguirá en el cuarto. Según este comentarista, el personaje principal de la obra, Orozco, definido como ser extraordinario, no sufre menoscabo en su fisonomía moral, al pasar de la novela al drama, si bien no ocurre lo mismo con el resto de los personajes que «perdieron mucho de su vigor», aunque «los caracteres, sin embargo, están trazados con realidad». 

    En esta crítica no se polemiza excesivamente sobre el argumento; se remarca la belleza de los diálogos y se incide en la longitud de la obra, estando de acuerdo el público «en que el aplaudido autor de Gloria y Dª Perfecta debiera haber recortado algunas escenas para que su representación terminase antes de la una de la noche»[34]. En cuanto a la interpretación: «Nada diremos de la ejecución. La obra resulta superior a la factura de la compañía. No existe verdadera proporción entre las dos entidades. El drama adolecía además de falta de ensayos. No es posible llevar a la escena esta clase de producciones sin espacio y tiempo». Este periódico no aporta ningún comentario en cuanto a la reacción del público: fría o aplausos, señalada en los otros diarios. 

    Con esta aproximación a los incidentes sufridos en los escenarios de Galicia por la primera producción dramática de Galdós y la compleja relación de la misma y Antonio Vico, he pretendido reconstruir un fresco que presente el entramado social e histórico que sirve de fondo al hecho artístico y literario, así como acercarme a esos múltiples elementos ajenos al texto que condicionan el desarrollo de una obra teatral, y señalar como estos factores: actores, crítica y público condicionaron el desarrollo de Realidad, que en oposición a muchos críticos de la época, opino significó un inicio de renovación de lo que se podía ver en nuestros escenarios. 

    La incorporación de Galdós al teatro revitalizó la escena española en los últimos años del pasado siglo y abrió nuevos caminos para los autores posteriores como muchos de ellos reconocieron. También he querido mostrar que D. Benito y su obra dramática, influyeron en diferentes aspectos del arte escénico y en los actores, sacando al público y a los críticos de la rutina y la apatía general en que discurría el teatro en aquellos años, por lo que para finalizar utilizaré unas palabras de Dª Emilia dirigidas al autor dramático Pérez Galdós «¡Venturosos los autores que consiguen desencadenar borrascas, arrancando de su dormilona indiferencia al público y de su complaciente escepticismo a los que dan forma escrita a la opinión». 

 

 Mª de los Ángeles Rodríguez Sánchez
Madrid, octubre de 2020
 


NOTAS
 
[27] Poco he localizado sobre este actor. Su compañía, similar a la de Vico, en cuanto a número de componentes, y muy dispar en las obras representadas, recorrió diversas ciudades y otras localidades importantes durante aquella primavera y verano de 1892. Los diferentes lugares que visitó solo podemos conocerlos a través de la prensa, lo cual dificulta aun más el análisis, dada la dispersión de los periódicos, e incluso su desaparición en muchos casos.
[28] La Concordia. Vigo. 26 Abril 1892.  
[29] Esta afirmación de que los actores recibieron muchos y merecidos aplausos, contrasta con la noticia dada por La Concordia, donde se dice: “Ni un solo aplauso resonó en la sala”. Para nosotros alejados espectadores de una época, es difícil dilucidar que versión es la más cercana a la realidad. 4 
[30] Después de señalar que ha tenido lugar en Vigo, la representación del reciente estreno verificado en Madrid, el comentarista menciona unas opiniones que Emilia Pardo Bazan ha consignado aunque lo que hace es copiar literalmente algunos textos de la escritora que corresponden a su publicación en el Nuevo Teatro Crítico, pag. 63-64. El párrafo siguiente del articulista es igual a un comentario en NTC. pag-. 35 , y el resumen del argumento, es una manipulación de un comentario de Dª Emilia, de la pag. 36. 
[31] El texto completo de Dª Emilia, que a ella le sirve para ironizar sobre la hipocresía social es el siguiente: “En cuanto al caballero, lo que le desatinaba era el segundo cuadro del acto. Vamos que aquello era el acabose. Una mujer casada que tiene un amante; y que sobre tenerle le ve a solas le dedica frases de ternura y le habla de cerca, con cierta expansión...es lo inaudito en materia de inmoralidad. La sociedad y la familia no podrán resistir este golpe de piqueta, asestado contra sus mismos cimientos . Y el moralista añadía parodiando sin saberlo la celebre frase del proceso contra Flaubert: Ay de mi si yo hubiese traído aquí a mis candorosas hijas!”. Nuevo Teatro Crítico.op. cit.. pag. 36. 
[32] Todos los textos utilizados aquí corresponden a E.Pardo Bazan, Nuevo Teatro Crítico,.op.cit. Pag. 35.-38. 
[33] En la misma línea de este comentario, se habían hecho varios en las críticas del estreno en Madrid., y plantea un tema que en la actualidad tendría su paralelismo en la polémica novela-cine. 
[34] La longitud del drama y la tardía salida del teatro cerca de la una de la madrugada, también fue reiteradamente señalada en la prensa de Madrid.





El desconocido estreno de Realidad en Galicia (Parte II)

 

GALDÓS Y EL TEATRO EN PROVINCIAS: Antonio Vico y el desconocido estreno de Realidad en Galicia

 

VICO Y REALIDAD 

    En general es poco lo que conocemos de los actores del siglo pasado. Antonio Vico fue considerado como uno de los grandes intérpretes de la época, aunque era muy irregular en sus interpretaciones, de él se decía que era un actor de momentos. Sus actuaciones estaban condicionadas artísticamente por su irregularidad interpretativa y, personalmente, por su inmensa familia y su pésima gestión administrativa. Estas preocupaciones le influían en su forma de interpretar, que en ocasiones rozaba en lo genial y otras en lo anodino. De su trayectoria como actor, de sus múltiples dificultades, de sus actuaciones en distintos teatros madrileños, así como de su compleja relación con Rafael Calvo, da amplia información Carmen Méndez Onrubia en su libro El dramaturgo y los actores. 


    Rafael Calvo y Antonio Vico representan, en el teatro, la disputa típica de los españoles de la época, incluso en 1882 se crea una revista festivo teatral con el título Chorizos y Polacos, que hacía alusión a los dos bandos partidarios de estos actores, que se enfrentaban en cada representación en la que intervenían sus ídolos.[10] Tenían diferentes modos de actuar; en Rafael Calvo predominaba la espontaneidad, mientras que en Vico era la técnica. D. Antonio "sentía mejor el patetismo de la madurez, los problemas de la conciencia, el dolor del padre, los celos del esposo ultrajado, los desvelos del honor o el arranque del caudillo"[11]

    Tras su ruptura con la familia de Calvo, posterior al fallecimiento de éste, Vico formará compañía con su sobrino Antonio Perrín. En 1891, ambos se integrarán con Mario para trabajar en el teatro de la Comedia, momento en el que Dª Emilia se pone en contacto con ellos para proponerles la lectura de Realidad: «cité a mis dos directores de la Comedia, Vico y Mario. Como estaban de ensayos de una comedia miguelechegayaresca [...] tardaron en venir y sólo el lunes tuve el gusto de verles, que gusto es pues son muy simpáticos. Excuso decirte que levantaron al cielo las manos, de placer, y que salieron de mi casa decididos a estudiar el libro a ver si aquéllo es escénico o no es escénico. Y hoy han vuelto entusiasmados (sobre todo Mario) y sin más deseo que el de que te des la mayor prisa posible»[12]

    Según se puede constatar por las referencias de Galdós y de Dª Emilia, se pensó en Vico y Mario para efectuar el estreno de Realidad en Madrid, el desacuerdo surgido entre ambos intérpretes impidió que se llevara a cabo el reparto inicial en el que Vico representaba el papel de Orozco; finalmente será Mario y su nueva compañía quien la ponga en escena, sustituyendo a Vico por Miguel Cepillo, aunque los cambios producidos retrasaron el estreno de tal manera que estuvo a punto de posponerse hasta la temporada siguiente, ya que si El Obstáculo de Daudet, que se presentó en la Comedia el sábado 20 de Febrero, hubiera conseguido un éxito proporcional a la fama de su autor, se habría retrasado la representación de Realidad hasta muy cerca de Semana Santa, época que resultaba bastante desfavorable para cualquier estreno. 

    Pardo Bazán, al hablar de los preparativos del drama galdosiano, incidirá en las dificultades surgidas por la separación de los directores del teatro elegido por Galdós para su iniciación como dramaturgo «Llegado a elegir escenario, decidióse Galdós por el teatro de la Comedia, no porque en otros faltasen actores muy dignos de estimación, sino por la mayor igualdad en el cuadro de compañía y acaso porque el Español parece dedicado especialmente a la trusa, y al drama o comedia de nuestro teatro romántico antiguo y moderno, y en la Princesa dominan el género festivo y el género francés. Entre estos dos opuestos extremos, la Comedia ofrece un terreno neutral, propio para la novedad de la tentativa. No hay que decir si los directores (lo eran entonces Emilio Mario y Antonio Vico) aceptaron gustosos la propuesta. La separación de Vico no dejó de dificultar bastante el futuro reparto de Realidad[13]

    La compleja relación de Vico con este primer drama galdosiano, originada antes del estreno de la obra continuará en la gira por Galicia, que el actor inicia tras la semana santa de 1892, después de finalizar sus actuaciones en el teatro de la Princesa. El 17 de Abril da su primera representación en el Teatro Principal de Coruña y hasta finales de Julio recorrerá Ferrol, Vigo, Pontevedra, de nuevo Vigo y Santiago de Compostela. En Coruña, Antonio Vico abrirá su temporada con El Alcalde de Zalamea y El sueño dorado, representaciones con las que hizo su debut en todas las ciudades mencionadas, y que constituía una costumbre del actor, como él mismo señalaba en sus Memorias. «...inauguré [...] mis representaciones, obteniendo gran éxito El alcalde de Zalamea, que escogí, como casi siempre hago para mi debut...»[14]

    Durante su estancia en Galicia, es posible afirmar que el actor pensaba representar el reciente estreno de Galdós en Madrid, ya que no sólo se pueden localizar referencias a sus intenciones en la carta inédita que aquí se presenta, sino que también se menciona en la prensa gallega la posibilidad del estreno, e igualmente en relación con este tema hay abundantes comentarios en la correspondencia cruzada entre el escritor y Concepción Morell [15], que formaba parte de la compañía de Vico desde que este la había contratado al finalizar en la Comedia.

    El 21 de Abril de 1892, recién llegado Vico a Coruña, el periódico LA VOZ DE GALICIA coruñés anunciaba la posible visita de D. Benito a la localidad para asistir al estreno y representación de Realidad, «Parece que el actor D. Antonio Vico, que trabaja actualmente en nuestro Teatro Principal, tiene promesa del gran novelista Pérez Galdós, de que vendrá a la Coruña a presenciar la representación de su celebrado y discutido drama Realidad, recién estrenado en la Corte. Celebramos que así suceda, pues la Coruña no puede menos de considerar como un acontecimiento fausto la presencia en su seno del gran escritor nacional». Aunque no localicé ningún otro comentario en este sentido, durante el mes que duró la estancia de Vico en esta ciudad, Concha Morell en sus cartas desde esta localidad le preguntará en varias ocasiones a Galdós si va a ir o no a Coruña, como se comenta, por lo que es posible que en alguna ocasión más se rumorease la posibilidad de la visita del autor. 

    En relación con los incidentes de Realidad en Galicia es en extremo curiosa la carta incompleta e inédita de Antonio Vico a Galdós que se encuentra en la Casa Museo y que presento aquí. Esta epístola es contestación a una anterior de Pérez Galdós y debió formar parte de una correspondencia que hoy desconocemos, cruzada durante esos meses de la gira del actor.[16] Fue escrita el 20 de Mayo, desde El Ferrol, donde la compañía teatral, se había trasladado una vez finalizada su estancia en Coruña y con motivo de inaugurar el Teatro Jofre, recién construido y que supuso un acontecimiento, del que quedó amplia constancia en la prensa, no sólo de esta ciudad, sino de otras de Galicia. En esta carta el actor que gozaba de gran fama, aunque no siempre consiguiese llenar los teatros o mantener una entrada adecuada, alude al hecho de no haber estrenado Realidad en Coruña, explicándole al escritor los motivos por los que no ha representado el drama y añadiendo algunos comentarios críticos a la función que se había hecho en Madrid por la Compañía de Mario. En su carta da la sensación de que aún tiene la idea de ponerla en escena y es una muestra más de la vinculación de Antonio Vico con esta obra, que al final nunca representó. 

“FERRROL MAYO 20/92 
SR.D. Benito Pérez Galdós. 
Mi respetable y cariñoso amigo: 
Con fecha 19 recibí su grata, que esperaba en contestación a la mía de la Coruña. Allí he dado con regulares ingresos 27 representaciones sin repetir ni una sola, base principal de esta clase de negocios pequeños en provincias. Pero esto mismo me ha obligado a ensayar constantemente dos y tres obras y al principio con dos ensayos de "Realidad" que fueron 3 ó 4 no me quedaba tiempo para las demás. 
Esto unido a que en conjunto, tenía y sigo teniendo la seguridad de que no iba a salir a mi gusto la obra, y de que en las principales familias de Coruña, se entabló discusión acalorada acerca del realismo del asunto y de un artículo de Zaragoza que se leyó por aquellos días, cuando la hizo Mario, sin obligación, bien a mi pesar, a ponerla en escena allí. 
Y hoy hecho ya con mi compañía el ensayo de 30 obras que tienen de repertorio, puedo consagrarme exclusivamente a ella, teniendo la seguridad de que no estudiando otra cosa podré dominar las deficiencias de unos y otros, y meterles en la cabeza lo que es hacer "Realidad" en la escena. A primera vista parece sencillo hablar un papel de la índole de los que en su obra hay, pero después se ve que, sin conocimiento de la cosa es muy difícil.- Yo la vi en la Comedia, y me gustó en conjunto mucho -No fue individualmente lo mismo- Excepción hecha de la Guerrero y Tuiller - Los demás hacían alarde de una sencillez que ya era enervamiento. 
Esta es mi opinión. 
Las obras modernas hay que darles una entonación que no por ser natural, pierda la intención que el autor se ha propuesto para con el público 
De agradarme el resultado del conjunto que obtenga mi compª, la pondría en escena ya lo avisaré ”

    La lectura de la carta, a pesar de su brevedad, presenta varios puntos de interés al aproximarnos a una compañía teatral del siglo pasado en provincias, que nos permite conocer ciertas dificultades sufridas por la primera obra dramática de Galdós y la polémica que de una u otra forma originó, acercándonos a la problemática del público y a la influencia de éste en el acontecimiento teatral; por último muestra algunas opiniones personales de Antonio Vico sobre la interpretación en la época y sus diferencias conceptuales y personales con Emilio Mario. 

    En el primer párrafo de su misiva, Vico explica uno de los motivos por los que no había representado Realidad, señalando la falta de ensayos, aunque había realizado algunos que le robaban excesivo tiempo de los preparativos de otras obras de repertorio. Esta afirmación del actor queda corroborada en algunos escritos de Concha Morell que en su primera carta desde Coruña, del 18 de Abril, hace el siguiente comentario: «Se está matando la familia como dicen aquí para que Realidad salga a pedir de boca creo que la harán muy bien, [...] puedo asegurarte que la única obra que ensayan de verdad [...] es la tuya. Vico hará figúrate y los demás también. La Peri es una mujer hermosísima y graciosa. Ven a verla.» Posteriormente el Martes. [26 de Abril], le comenta «se ensaya Realidad pero por los artistas de verdad la Contreras me gusta muchísimo Vico, no se diga, el que hace Viera me gusta mucho también creo que será una cosa digna de verse. Vendrás a verla y verme?» y en la misma carta unos párrafos más adelante le pregunta, incidiendo en la anunciada visita de Galdós «¿Conque vienes si o no? todo el mundo dice que vienes conqué no seas tontillo y ven a ver tu obra.»[17]

    Antonio Vico, en el segundo párrafo y de una forma indirecta se refiere a la posible incomprensión del público debido al realismo del asunto, que asustaba a las señoras, y a la polémica suscitada por la cercana puesta en escena en la ciudad de Zaragoza, donde la obra no había sido bien aceptada. Con relación a esto, también encontramos comentarios en las cartas de Concha que le dice unos días antes de que el actor escribiera a Galdós: «De Realidad no te he querido decir nada por que me da rabia de no hacerla pero tal vez tendrá razón D. Antonio cuando teme que por estos pueblos no la entiendan y las señoras se escandalicen» y el 25[Mayo 1892] le dice: «Devuélvote la carta de Don Antonio . No le pido que me deje hacer [...] nada en fin de lo que puedo hacer mejor que algunas, porque veo que aquí desgraciadamente gustan más que nada las piezas de brocha gorda en que suelo tomar parte.»

    Después de esto ya no hay ninguna referencia al intento de poner Realidad por parte de Vico, pero si hay algunas nuevas afirmaciones de Concha en relación con este tema, y algunas críticas y explicaciones desde su perspectiva de por qué el actor no la representó. Desde Pontevedra, el 2 de Julio, en una larguísima carta de 9 hojas comentará una conversación mantenida con D. Antonio en la que le había dicho «...he tenido una carta de D. Benito y veo que está disgustado porque V. no ha puesto su obra. Yo le he escrito dos veces hablándole de esto y le he dicho que V. está preocupado y en fin que este público tal vez no la comprendiera. Aún conociendo como él conoce estos pueblos y sabiendo que V. está preocupado yo sé que no le ha sabido bien que V. no haya puesto Realidad...»[20] 

    Ante la afirmación del actor de la incomprensión del público se bosquejan diversas cuestiones en relación con los espectadores. La pregunta que habría que hacerse aquí -que no tiene respuesta concreta- es si realmente el público no hubiera aceptado esta representación, como indica el director/intérprete y Concha reafirma en alguna de sus cartas, o si Vico no se decidió a romper el programa de obras archisabidas y mil veces representadas que componían su repertorio. Aunque no podamos contestar a esto parte de la respuesta se nos dará por la reacción del público ante la representación ofrecida en Vigo, por la Compañía de Villegas, que fue similar a la de Madrid, aunque no podamos saber si Realidad fue o no motivo de polémica entre la sociedad viguesa, ya que de ello no localicé referencias en la prensa. 

    Es curioso señalar algunas de las limitaciones impuestas al hecho teatral, acontecimiento más social que artístico en algunos casos, al que se condicionaba con normas no escritas, de las que podrían ser un ejemplo las recomendaciones dadas a Vico por la prensa de Coruña. A los dos días de llegar, desde un periódico se advierte al actor de las costumbres de los coruñeses y se le aconsejaba que no diese representaciones ni los días de fiesta, ni algunos de la semana «La observación no la juzgamos, sin embargo, tan necesaria, tratándose de la compañía del insigne actor como de otra cualquiera, porque aunque sea aquí costumbre no ir al teatro en días determinados de la semana, los lunes y los viernes, para saborear manjares tan deleitables y tan raros como los que ofrece Vico, todos los días son buenos. Así ha de entenderlo el público coruñés…»[21] Pero a pesar de que el periódico considera que el insigne actor, superaría esta costumbre de los gallegos, tres días más tarde, el 20 de Abril, aparecía el siguiente breve: «No hubo ayer tanta concurrencia como en las dos noches anteriores y esto obedece a varias causas que no habremos de mencionar ahora. Únicamente nos permitiremos recomendar a la empresa que no luche contra la costumbre de no dar función los viernes y los lunes. Sería en vano, porque el público en esta población exige esas dos noches de descanso para los actores». 

    Algo que los coruñeses no debían tener en cuenta era que los componentes de la compañía, para los que exigían esas dos noches de descanso, no cobraban los días que no había representación. Vico aceptó que no hubiera función los viernes, pero siguió representando los lunes, por lo que la prensa le da un nuevo toque de atención «La empresa ha accedido a no dar función los viernes, pero nos parece que perderá el tiempo y el dinero dando función los lunes».[22] 

    Si en un tema tan intranscendente como decidir los días de actuación de la Compañía, se imponía la opinión del público, como no había de haber injerencias por parte de los espectadores en cuanto a lo que en los escenarios se representaba. En el caso de Galicia y según parece deducirse de los periódicos locales consultados se preferían los juguetes cómicos e intrans-cendentes a las obras más completas y acabadas, si es que alguna del repertorio lo era. Concha escribía desde Vigo esta certera descripción del público y del actor: «Aquí estamos todavía, dicen ahora que nos iremos el lunes. Esto va mal, muy mal. Casi, casi no es extraño que D. Antonio no se ocupe de mí, el pobre señor tiene un familión á su cargo, y como este público no entiende nada de arte, francamente, naturalmente, está muy disgustado. Esta habrá sido la causa de que no haya puesto Realidad, créeme á mí, aquí en Galicia no la entenderían. Por aquí gusta mas la Criatura, Lagartijo, y todas esas latas que lo bueno. Los días, pocos en verdad, que el gran actor trabaja con amore, cuando llora con lágrimas, el público se ríe. Los galleguiñus se vuelven locos en oyendo cantos, los merengazos y las mamarrachadas de Paco Perrín que es un payaso consumado, es lo único que saben apreciar.»[23]

    Es posible que estas observaciones generales para el público de Galicia, que necesitarían un estudio más amplio y complejo, sean aplicables a la mayoría de los espectadores de la época. Desde diferentes tribunas son muchas las voces que se elevan contra la degradación del gusto del público que estaba deteriorando el espectáculo teatral, ya que las carteleras de los teatros estaban llenas de trivialidades, había abundancia de traducciones, revistas políticas, dramones naturalistas e incluso algún cronista hablaba de atrevimientos licenciosos[24]. Los autores si se animaban a escribir lo hacían a la ligera «para despachar pronto un juguetillo en un acto que venga a calmar por un momento la voracidad insaciable de este público ahíto de decoraciones, hastiado por el desnudo pornográfico, y ávido sólo de pasar media hora de la noche, por el menos dinero posible»[25] comenta Enrique Sepúlveda al resumir una temporada teatral de unos años antes. El propio Galdós mucho tiempo más tarde se referirá al público, al comentar su alejamiento de la producción teatral «Debo decir que las causas de andar tan desviado de la casa de Talía no fueron la pereza ni los quehaceres que por mis pecados me han traído al retortero; fueron el desaliento y la falta de fe en la virtualidad artística y moral del Teatro en los últimos tiempos. Acordándome de aquéllos en que me dió la mala idea de meterme a dramaturgo, consideraba que por entonces era perfectamente armónica la triada teatral, abrazo feliz de los elementos obra, intérpretes y público. La experiencia me hizo ver después que esta armonía estaba rota; teníamos cómicos excelentes que perfeccionaban cada día sus facultades; teníamos autores de gran mérito, mantenedores de la gloriosa tradición hispana; pero el público se deshacía gradual y rápidamente, desgarrado en jirones. De una parte tiraba la gente adinerada y bien vestida; de otra, la que vive en las inferioridades económicas y quiere someter el Arte a violentas baraturas»[26]

 


 

El desconocido estreno de Realidad en Galicia (Parte III) >

 

NOTAS
 
[10] José Mª López Ruiz. La vida alegre (Hª de las revistas humorísticas, festivas y satíricas publicadas en la Villa y Corte de Madrid. Compañía Literaria. Madrid 1995
[11] Carmen Menéndez Onrubia, El dramaturgo y los actores . Epistolario de Benito Pérez Galdós, María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. C.S.I.C. Madrid 1984. Pag. 259 
[12] Adelina Batllés Garrido.Tres cartas inéditas de Emilia Pardo Bazán . Insula. nº447, pag. 4 
[13] Emilia Pardo Bazán. Nuevo Teatro Crítico. Revista de Teatros.Nº 16- Abril 1892 pag.26 
[14] Antonio Vico. Mis memorias (Cuarenta años de Cómico) Serrano Editor. Madrid s/a. Pag. 73. 
[15] Cuando se redactó y publico este artículo aún no se conocían las cartas de Pérez Galdós a Concepción Morell, que adquirió la Casa Museo en 2005, y que posteriormente se publicaron en: Pérez Galdós, Benito: Galdós. Correspondencia. Edición, introducción y notas de Smith, A.; Rodriguez Sanchez, M.A,; Lomask, Laurie. Madrid, Cátedra, 2016. 
[16] Estas cartas no figuran en la Correspondencia de la Casa Museo, ni en las publicadas por Soledad Ortega 
[17] Concha Morell. Cartas inéditas. Casa Museo de Pérez Galdós. Las Palmas
[18] La representación en Zaragoza tuvo lugar el 17 de Abril 1892, y no fue muy bien recibida como Emilio Mario indica a Galdós en su carta desde Valencia (22.5.1892) “No escribí a Vd. desde Zaragoza dándole cuenta del estreno, por que allí no la entendieron si bien fué respetada por llevar su nombre de Vd., pero no fue defendida ni discutida como aquí" Citado en Soledad Ortega. Cartas a Galdos. Pag. 358.
[19] Dada la coincidencia de fechas, es posible que la carta que le devuelve sea la que presentamos aquí. Todas las citas de Concha Morell, corresponden a su epistolario, en gran parte inédito, que está en la Casa Museo de Las Palmas
[20] Esta carta escrita con motivo de la representación en Pontevedra de Locura o Santidad, de Echegaray de la que se ocupó toda la prensa, es en extremo interesante para conocer la situación del teatro y las opiniones sobre éste de Concha Morell 
[21] LA VOZ DE GALICIA Coruña . del 17 de abril de 1892. 
[22] La Voz de Galicia Coruña del 22 de abril de 1892 
[23] Carta Viernes. [17 Junio 1892] Unos días antes le decía a Galdós “No me digas que le pida a D, Antonio que me saque en obras serías, ¿No sabes que estos malditos gallegos no gustan más que de majaderías?”. 
[24] Hay varias referencias a ciertas representaciones pornográficas, que hacían salir por el «escotillón figuras de mujer que momentos antes han empleado el cuarto numerado del angosto pasillo, no para vestirse, sino para desnudarse» Enrique Sepulveda. Vivir en Madrid 1886 Edición facsímil 1996. Pag.510
[25]Enrique Sepúlveda . Ob. cit. pag. 509.
[26] Opiniones de Galdos hechas al Heraldo en 1910. Citado por Carmen Méndez Onrubia. Opus cit .pag. 215-216




El desconocido estreno de Realidad en Galicia (Parte I)

Este articulo, con el título: GALDÓS Y EL TEATRO EN PROVINCIAS: Antonio Vico y el desconocido estreno de Realidad en Galicia se presentó en el VI Congreso Internacional Galdosiano, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria en Junio de 1997.
Y se publicó en el año 2000, con el mismo título: GALDÓS Y EL TEATRO EN PROVINCIAS: Antonio Vico y el desconocido estreno de Realidad en Galicia, en las Actas del VI Congreso Internacional Galdosiano. [Edición Yolanda Arencibia, Mª del Prado Escobar y Rosa Mª Quintana]. (CDR). Las Palmas (pág, 839-855. 
 
En esta ocasión no he modificado el texto inicial. Únicamente he incluido una nota, señalando que cuando se publicó aun no se conocía el Epistolario de Pérez Galdós y, por supuesto aun no se había editado. 

Esta ha sido una de las razones de no tocar absolutamente este texto, que aunque antiguo, creo que aporta notas de interés . 

Mª de los Ángeles Rodríguez Sánchez
Octubre, 2020

 

GALDÓS Y EL TEATRO EN PROVINCIAS: Antonio Vico y el desconocido estreno de Realidad en Galicia

GALDOS Y EL TEATRO

    Cuando nos referimos al teatro no hablamos sólo de una obra literaria o de un espectáculo, sino que nos enfrentamos con un mundo mucho más complejo. El teatro es un arte antiguo, mágico y fugaz en el que se entremezclan múltiples manifestaciones artísticas, literatura, música, pintura, danza, mímica, voz, formas, luz, sonido; todas ellas y muchas otras tienen cabida en el misterioso mundo del teatro, que a pesar de lo efímero de su universo representativo y estético es como un gran caleidoscopio en el que podemos observar la sociedad en la que se crea la obra y para la que ésta es creada. En el estudio de una pieza teatral hay que tener en cuenta las diversas expresiones artísticas, como el texto literario y la puesta en escena, pero también un sinfín de elementos que la rodean, condicionan y que, a la vez, permiten conocer el entramado en que esa representación escénica ve la luz. De esa variedad de factores a considerar en una creación teatral, los más esenciales para su representación y evolución, aparte del texto literario, son el autor, los actores, la crítica y el público. 

    En las últimas décadas del siglo pasado en España preocupaba profundamente la polémica situación de nuestra escena sobre todo si se comparaba el decadente estado del teatro en nuestro país con las innovaciones y aportaciones que se estaban produciendo en la dramaturgia europea. En los análisis que se hacían desde diversas perspectivas, creativas, culturales o periodísticas, es fácil encontrar múltiples referencias, a todos los elementos mencionados y a su influencia en el desarrollo y transformación del hecho escénico 

    La obra teatral de D. Benito Pérez Galdós está menos estudiada que otros aspectos de su importante labor literaria, y sin embargo considero que su dramaturgia supone un referente innovador e imprescindible en la evolución del teatro y de los autores posteriores y que sus aportaciones a este género son fundamentales para comprender la literatura y la sociedad de finales del siglo pasado. El escritor estuvo siempre interesado por el espectáculo teatral y en todo lo que a él concernía: el texto y sus repercusiones formativas y renovadoras, los actores que debían intervenir en las representaciones, las obras que se hacían dentro y fuera de nuestras fronteras y el eco que éstas tenían en los espectadores. En definitiva, todo aquello que tuviera que ver con este hecho cultural no escapaba a la atención del autor. 

    Este interés hacia el mundo teatral en su conjunto se observa en lugares tan diversos como su producción dramática, en algunos de sus textos (prólogos, artículos, etc.), o en su correspondencia, tanto en la mantenida con directores, actores y actrices, como en la que cruzó con diversos amigos, en cuyas cartas se puede comprobar cómo Galdós seguía con interés las novedades que surgían en las carteleras nacionales y extranjeras, y era informado de ello por estos jóvenes corresponsales, cuando se encontraba alejado de la capital o cuando alguno de ellos viajaba por ciudades europeas. 

    En sus Memorias de un desmemoriado, Galdós cuenta, pasados más de veinte años, cómo, aún estando inmerso en la creación de varias novelas, sintió deseos de salir "del círculo estrecho de la literatura novelesca para probar fortuna en el arte teatral", pero al evocar sus recuerdos no sólo aporta información de sus inicios como dramaturgo, sino que narra con detalle, los cambios producidos entre los actores del Teatro de la Comedia, donde decidió que se llevara a cabo el estreno de su primer drama. 

«Los cómicos de España, como en todas partes, van y vienen de unas compañías a otras. En la Comedia estaba Vico muy considerado y bienquisto y de la noche a la mañana se marchó con su sobrino Antonio Perrín. Tras él se fue Carmen Cobeña. Apenas separados dividieronse nuevamente. Pasados no sé cuantos meses, Vico y su sobrino estrenaban con María Tubau, el drama de Sardou, Thermidor y la Cobeña se agregó a la compañía de Ricardo Calvo y Donato Jiménez, que al poco tiempo apareció en el Principal de Valencia. Mario, ansioso de llenar prontamente el vacío que aquellos artistas dejaron en su teatro, trajo a María Guerrero, cuyo precoz talento se había manifestado en diferentes obras y singularmente en la Doña Inés, del Tenorio, y a Miguel Cepillo, actor ya consagrado por sus extraordinarias cualidades. A estos valiosos elementos añadió un joven todavía desconocido, Emilio Thuillier que no tardó en adquirir celebridad. Con estas figuras y las que ya tenía inauguró Mario, felizmente su temporada en el otoño del 91, anunciando entre otros estrenos, el de Realidad»[1]

    También cuenta en estas Memorias cómo Mario le pidió Realidad, ya que el director del teatro de la Comedia, había oído que la novela podía pasar a ser drama, motivo por el que como empresario y amigo, suplicaba al escritor que finalizase de dar forma escénica a la conocida novela. Aquí Galdós olvida señalar, seguramente de forma intencionada, dada la reserva con que siempre trató sus asuntos particulares, la participación que en este asunto tuvo Dª Emilia Pardo Bazán; intervención que queda patente en las cartas que la escritora gallega dirigió a D. Benito, y que fueron publicadas en Ínsula, por Adelina Batllés Garrido. Estas cartas aportan diversos datos de interés para conocer el proceso de gestación y los primeros pasos seguidos para convertir las novelas La incógnita y Realidad, en el drama Realidad, que sin duda como Dª Emilia esperaba y comentó en diversas ocasiones, se convirtió en el acontecimiento teatral de la temporada.

    En la última de estas tres cartas Dª Emilia, como comisión a sus gestiones, le pide autorización al autor para ser ella quien anuncie la primicia del estreno en su revista Nuevo Teatro Crítico, de Enero de 1892, y así lo hace aprovechando la noticia de la incorporación de Galdós a ese complicado ámbito para, de forma resumida, analizar lo que supone la figura del novelista en el teatro de la época: «...cualquiera comprende que la aparición de Galdós en los carteles no es el advenimiento de un dramaturgo más, sino el de una nueva dirección dramática, que puede modificar nuestra vida escénica, romper troqueles caducos, influir á la vez en autores, actores y espectadores y fundir en una misma aspiración dos géneros que hasta hoy parecían irreconciliables, la novela y el drama [...] por ese camino se ha de ir para lograr infundir espíritus vitales a nuestra desmayada escena, y procurar (dentro de los límites de lo posible y lo justo) inocularle el amor a la verdad...»[2] 

    Emilia Pardo Bazán señalaba también algunos motivos que pudieron incidir en Galdós para convertirse en autor teatral mencionando móviles personales como probar sus fuerzas en una tarea nueva y estrictamente literaria, pero remarcando el empeño renovador del escritor canario y la importancia de su cooperación en un género que habiendo sido parte fundamental de nuestra gloria literaria, en esos días estaba en decadencia «Aún comprendiendo que todavía sostiene la honra de la literatura dramática algún nombre ilustre y algún generoso esfuerzo, no pudo creer Galdós que su cooperación fuese inoportuna.»[3] 

    Tras diversas vicisitudes, el 15 de Marzo de 1892, en el Teatro de la Comedia de Madrid tiene lugar la representación del drama Realidad. El paso dado por Galdós de novelista a dramaturgo originó diversas controversias y el estreno de Realidad fue polémico, tanto por ser el autor un novelista de éxito que intenta desarrollar otro campo de actividad, como por el tema central de la obra, un adulterio, que provocó múltiples reacciones negativas, al no ser tratado desde los presupuestos habituales del honor, sino desde una perspectiva completamente distinta. Este enfoque diferente haría exclamar a un crítico que el adulterio era «brutal» y la adultera «repugnante». La obra se mantuvo en cartel desde el 15 de Marzo hasta el 6 de Abril, que finalizó sus representaciones con el beneficio a Pérez Galdós. Durante este periodo algunos días se dieron dos funciones de la obra, y en todos ellos se representó el drama galdosiano.

El Imparcial. Madrid, 16 de marzo de 1892

    Tanto las críticas a la producción dramática como a las interpretaciones de los actores son variadas en la prensa de la época, pero interesantes, sobre todo para conocer cómo se desarrolló y qué impacto tuvo esta obra en su momento, ya que el estreno fue todo un acontecimiento del que los periódicos informaron abundantemente, comentando desde los detalles fundamentales, o los considerados como tales, hasta las pequeñas anécdotas que tuvieron lugar en relación con el estreno, como el alto precio alcanzado por las localidades, que fue comentado en diversos periódicos, aunque a pesar de su elevado coste, Dª Emilia comentaba que contra lo que algunos temían, «el público no llevó a mal la subida de precios de las localidades en la primera noche».[4] Don Quijote, periódico satírico fundado ese mismo año, publicaría un irónico comentario el 10 de Abril señalando que la empresa de la Comedia valoraba «el mérito de los autores, prejuzgando las obras y expidiendo desde la contaduría patentes de genio. Cuando se estrenó Realidad las butacas costaban 15 pesetas.[5] Ahora se ha estrenado la comedia de Echegaray Sic vos nom vobis y ha fijado en 10 pesetas el precio de dichas localidades. Corolario: La empresa cree que Echegaray tiene cinco pesetas menos de talento que Pérez Galdós» 

    La opinión de los críticos ante el autor dramático Galdós es diversa, unos ensalzan su valor literario, otros, aún reconociendo su talento como novelista, enjuician negativamente su labor de dramaturgo; los hay que pondrán en duda ambas facetas, aunque la mayoría de ellos en sus reseñas reconocerán que, a lo largo de la noche del estreno, a Galdós se le tributaron varias ovaciones, que algunos articulistas atribuyen más a un reconocimiento por gran parte de público, a su labor como novelista que a su nueva y recién estrenada faceta de dramaturgo, aunque todos sin excepción han de coincidir en la gran ovación que se le tributó al autor. Al finalizar, el público reclamó a Pérez Galdós, a pesar de su modestia, en el escenario para darle la «ovación más frenética, delirante y prolongada que hemos presenciado desde los tiempos del Nudo Gordiano»[6]

    Emilia Pardo Bazán en su extenso trabajo sobre esta obra, publicado en NUEVO TEATRO CRITICO, analiza la opinión de la prensa y resume perfectamente la situación que se produjo ante el estreno de Realidad, obra que supuso un revulsivo para el público de la época. Esta polémica situación se refleja en los diarios, motivo por el cual la crítica periodística del momento se convierte en el eco de las opiniones contradictorias que Dª Emilia señalaba ya se habían expresado enérgicamente «durante los entreactos, en pasillos, antepalcos, saloncillo y cuartos de los actores. Lo que ha decir al otro día la prensa, ya zumba en la atmósfera del teatro la noche del estreno, y puede inferirse de las caras dilatadas o contraídas, de las miradas gozosas o fieras, de las voces, de las exclamaciones, hasta del movimiento nervioso con que un periodista se cala la chistera o empuña el bastón»[7] 
 
    En los dictámenes críticos no sólo pesaba la personalidad del novelista y su relación con ambas formas de expresión -novela y drama-, sino que gran parte de la polémica surgió, como ya he comentado, por el tratamiento dado al tema de la obra, a su argumento, a sus personajes y a su conclusión. Uno de los juicios más negativos lo emitió el periodista del PAIS que censuraba duramente a la adúltera y al adulterio, si bien consideraba que la escena en casa de la Peri estuvo bien resuelta por el escritor a pesar de lo escabroso del tema; también señalaba que «las escenas todas del primer acto son larguísimas, frías, filosóficas, llenas de ciencia y de discreteos que el público oyó resignado. Es posible que un público alemán, bebedor de cerveza encontrara muy simpático este acto»[8]... Sin perjuicio de sus aseveraciones, esencialmente morales, reconoce que el drama está muy bien escrito, si bien el famoso novelista resulta «en este primer ensayo autor dramático de escasas aptitudes». Pese a este y algún otro juicio similar el drama de Galdós fue el acontecimiento literario y teatral de la temporada. 
 
    Para Galdós, según recuerda desmemoriadamente en sus memorias, el estreno fue una noche inolvidable, en la que asistió a la representación entre bastidores, con completa tranquilidad, ya que entonces ignoraba los peligros del teatro y comentaba que fue el éxito de Realidad, el que le llevaría a reincidir en nuevas tentativas teatrales. Habla muy bien de los actores y nada dice de los críticos, salvo que con su obra fueron benévolos y corteses, aunque añade «Cada cual dijo lo que dictaba la conveniencia del momento. Entre las diversas críticas no hubo ninguna que profundizase en el asunto y caracteres del drama juzgado. Todas cayeron en el olvido antes que la obra. La crítica de las obras de teatro en España no ha coincidido todavía con el nacimiento de las obras. Las que contra viento y marea sobreviven veinte o más años a su estreno son las que pueden obtener una sanción relativamente duradera»[9]
 
 
El desconocido estreno de Realidad en Galicia (Parte II) >
 
 
NOTAS
 
[1] Benito Pérez Galdós. Memorias de un desmemoriado OC Miscelanea., pag. 1458-59.
[2] Emilia Pardo Bazán. Nuevo Teatro Crítico. Revista de Teatros.Nº 13 - Enero 1892 pag. 94-95. 
[3] Emilia Pardo Bazán. Nuevo Teatro Crítico. Revista de Teatros.Nº 16 -Abril 1892 pag.22. 
[4] Emilia Pardo Bazán. Nuevo Teatro Crítico. Revista de Teatros.Nº 16- Abril 1892 pag.29. 
[5] En Blanco y Negr , se publicó que habían costado 25.-Ptas. A. CORZUELO, el 20 de Marzo, no hace una crítica a la obra, a su temática, a su interpetación o su calidad literaria, sino que comenta el precio de las butacas.«¡Cinco duros! ¡¡Veinticinco pesetas!! ¡¡¡Cien reales!!!». 
[6] El Licenciado Amaniel (Federico Urrechea). El Imparcial. 16.3.1892 
[7] Emilia Pardo Bazán. Nuevo Teatro Crítico. Revista de Teatros.Nº 16 - Abril 1892 pag.39 
[8] En esta opinión hay una clara referencia al teatro que se estaba haciendo en Europa y que aquí no parecía interesar ni a críticos ni a público en general.
[9] Benito Pérez Galdós. Ob. Cit. OC:pag. 1459-60




El crimen de la calle Fuencarral en la obra de Pérez Galdós (Parte II)


 

EL CRIMEN DE LA CALLE FUENCARRAL EN LAS NOVELAS 

Aunque en sus memorias lo refiera de una manera un tanto displicente, Baroja también se interesó por este crimen y además de haber cruzado unas palabras con Higinia en los pasillos del Hospital Provincial, vio su ejecución desde los desmontes cercanos a la cárcel Modelo, donde se agolpaban miles de personas. En sus recuerdos sobre los hechos, en los que afirma ser de la opinión de los sensatos, aquellos que creían en la culpabilidad de Higinia y no en la del hijo de la víctima, Baroja hace una referencia a Galdós y a las novelas escritas en relación con este hecho, que según su criterio, o lo que le habían comentado, no habían conseguido su objetivo: 

“Dijeron que Galdós quiso aprovechar aquel ambiente, y que hizo dos novelas, La incógnita y Realidad, queriendo buscar un paralelismo novelesco con el hecho sensacional de la calle; pero luego me aseguraron, no había tal cosa; lo que ocurría era que en uno de estos libros se hablaba de un crimen famoso como el de la calle Fuencarral” (Baroja, 2006:359) 

Por todos es conocida la animadversión que Baroja tenía por Galdós en los últimos años de su vida, que se manifiesta aquí al igual que en otras ocasiones que se refiere al escritor canario, y hay que señalar que esta apreciación barojiana está equivocada en diversos puntos, el más sencillo de constatar es que don Benito había incorporado este suceso, tan popular en la sociedad madrileña, no en una sino en tres obras, si tenemos en cuenta Realidad drama, y que lo había hecho desde una perspectiva personal en la que el crimen era un elemento más en el conjunto narrativo de la novela que le permitía reflejar el momento de desarrollo de ésta, y, a la vez, era un punto de partida para hacer de una incógnita el núcleo fundamental de un argumento literario. 

Aunque no vamos a hacer un análisis profundo de la relación entre el crimen y la gestación de las novelas, o la influencia de éste en su desarrollo, si queremos apuntar que el suceso está profundamente imbricado en la génesis de ambas obras, y que el famoso crimen de la calle Fuencarral forma parte de las mismas, bajo el nombre del crimen de la calle del Baño[7]. Al incorporar los trágicos sucesos a La incógnita y Realidad, Galdós no sólo cambiará el nombre de la calle donde tuvieron lugar los hechos, sino que también transformará a los personajes: la víctima no será una viuda de mediana edad, sino una joven con su hijo, y los sospechosos el mayordomo, en lugar de la criada, y la madrastra en vez del hijo. El asesinato y los involucrados en él mantendrán el interés del público y de la prensa que se dividirán en dos bandos a favor de uno u otro encausado, y que contarán con partidarios y detractores, dando lugar a curiosos enfrentamientos y discusiones en la tertulia de los Orozco. La situación comentada por Infante en La Incógnita y la que podemos observar en Realidad, es la representación literaria de lo que ocurría socialmente en esos meses de 1888, cuando se descubre el suceso y sus múltiples implicaciones, sean estas reales o inventadas, pero sobre todo alimentadas por la opinión pública y la rumorología. 

En ambas novelas, donde los comentarios sobre las irregularidades, escándalos y miserias del país son numerosos, se puede apreciar, la repercusión en la sociedad de un determinado hecho delictivo y el interés del público hacía éste, que percibimos a través de las tertulias de la alta sociedad madrileña, donde se discuten todos los pormenores que aparecen mencionados en los periódicos, y cada uno de los asistentes defiende al que cree inocente o critica al que cree culpable, a la vez que es posible observar como el crimen y el juicio se convierten en espectáculo, así como el papel jugado por la prensa, que al igual que ocurre con el crimen real, se parece al periodismo actual y mediático, por el gran seguimiento de la noticia y de sus personajes. Pero en el transcurso de las novelas, también podemos advertir como algunos van mostrando su cansancio ante la reiterada expectación y curiosidad que el suceso causa, fastidio que igualmente se aprecia en los últimos artículos que el escritor dedicó al popular asesinato. 

En La Incógnita, además de la referencia al crimen de la calle del Baño y a los comentarios y reacciones sociales suscitados por éste, Infante, a partir de la carta XXIX, informa a su corresponsal de los problemas planteados por la aparición del cadáver de Viera —que se suman a su investigación particular, descubrir quién es el amante de Agusta—, así como de la complejidad del caso, y de las preguntas que suscita: ¿se trata o no de un crimen?, ¿cómo se sucedieron los hechos?; añadiendo a estas cuestiones algunas observaciones sobre la opinión pública; sobre las distintas versiones que recorren las calles de Madrid, o cómo Cisneros arregla que el suceso sea declarado suicidio … y de otras situaciones, que en conjunto vinculan este nuevo misterio, que afecta de forma particular a los protagonistas de la novela, con el otro que atañe a la sociedad; en definitiva, el narrador, pone en relación la oscura muerte de Federico con el ininteligible asesinato que tiene preocupado a todo Madrid, y pone de manifiesto como ambos son parte de un enigma que como el crimen real de la Calle Fuencarral no llega a aclararse del todo. 

Por último, quisiera señalar que, en sus artículos de julio y agosto de 1888, sobre este conocido suceso, es posible encontrar diversas opiniones de Galdós que evidencian como se iba gestando La incógnita. Como ejemplo podríamos mencionar, en su artículo del 31 de Julio, la alusión al sujeto desconocido relacionado con Higinia, y que denodadamente buscaba la justicia, que nos hace pensar en “X”, personaje ignorado y fundamental en el desarrollo de la novela: 

“En este punto se inicia la aparición de un nuevo personaje, que parece llamado a desempeñar papel importantísimo en este sangriento drama. Es un sujeto desconocido, un alguien, una X, que el juez y la opinión repetían sin tener noticias de él…” (Pérez Galdós, 2002: 21) 

O el comentario sobre la situación en que se encuentra el crimen en el mes de agosto, que es, a la vez, un resumen perfecto del argumento de La incógnita: “Todo se vuelve conjeturas más o menos razonables, cálculos y estudios psicológicos de los personajes del drama, sin llegar nunca a desentrañar el argumento” (Pérez Galdós, 2002: 28) 

 

ULTIMOS MOMENTOS DE HIGINIA QUE NO CONTÓ GALDOS. 

Ya he señalado que no deja de llamar la atención que don Benito, después de comunicar la sentencia del celebre crimen a sus lectores americanos, no volviera a hacer ningún comentario al respecto sobre el mismo, aunque, al parecer, junto a otros nombres importantes de la sociedad española, pidió el indulto para Higinia Balaguer, hecho que no es de extrañar, porque en su última crónica mencionaba lo duro que le parecía el castigo, a pesar de creer en su culpabilidad. Pero aunque el escritor canario en esta ocasión no tratase el tema, la prensa igual que había ocurrido durante el descubrimiento del asesinato y el posterior juicio oral, siguió llenando las páginas de los periódicos en los días previos a la ejecución de Higinia; y a través de esta fuente podemos conocer como trascurrieron los dos últimos días de vida de la infeliz, como es denominada en los periódicos. Hasta el último momento se pidió y esperó el indulto, y en los diferentes diarios se da cuenta de cómo se sentía, e incluso como vestía Higinia. En general se resalta una característica personal que Galdós había mencionado en varias ocasiones: su entereza ante la situación, aunque tuvo distintos accidentes nerviosos, en el día previo a la ejecución. 

A pesar de la serenidad con que vivió las horas previas a su muerte, la imagen que se nos presenta aquí difiere mucho de la inconsciencia y frialdad de Higinia en su juicio, ahora es una mujer afligida, llorosa y que dice estar pagando con creces su delito, aunque aún tiene esperanza que se le conceda el indulto. Una vez que conoció su denegación, en presencia de su abogado, repartió sus escasos bienes y se mantuvo entera incluso en la subida al patíbulo. Según los diarios los escalones de acceso al cadalso eran 26, y Emilia Pardo Bazán, que asistió a la ejecución, aunque no habla de lo ocurrido en ella comenta que: “Aquella subida a las gradas dura diez segundos y vale por diez siglos de expiación”(Pardo Bazán, 1890: s/p). Hay que mencionar que hasta en el último momento Higinia acusó a Dolores como principal instigadora y ejecutora del asesinato. La prensa, por su parte, señaló que ésta mientras se producía el ajusticiamiento, de la que había sido su cómplice, y después de él “permanecía muy serena e indiferente en su encierro” (El Imparcial, 1890: 20.7). 

Los últimos momentos de la acusada, que fueron vistos por más de catorce mil personas, son descritos con cierto detalle en los diarios que comentaron como iba vestida con la negra hopa, sobre la que destacaba el escapulario con cintas verdes de la Cofradía que la acompañaba y como cubría su cabeza con un pañuelo blanco con lunares. Higinia subió resueltamente hasta el sexto escalón a partir del cual tuvieron que ayudarla. Al llegar a la parte superior y sentarse en el banquillo, insistió en acusar a Dolores: “muero inocente, pues fue la Dolores…” y en manifestar su arrepentimiento. La muerte de Higinia se produjo a las ocho y un minuto. En cumplimiento del Código penal el cadáver quedó expuesto públicamente hasta las cinco y cuarto de la tarde. La Cofradía, que la asistió en los últimos momentos, será la encargada de preparar el féretro y organizar el entierro que se celebró esa misma tarde a las siete menos cuarto en el cementerio del Este. Poco después de la ejecución, dos ciegos, acompañados de su correspondiente cartelón y de una guitarra, recorrían las calles de Madrid, entonando la Relación en verso del crimen horroroso

Entre los numerosos espectadores que presenciaron el trágico final de la mujer que había sido la criada de Luciana Borcino, no sólo estaban las clases más populares, ya que otros asistentes más elegantes se pasaban los gemelos de mano en mano, para apreciar el rostro de Higinia en esos últimos momentos. Baroja, en sus memorias, describe la ejecución de la principal acusada, que presenció entre los múltiples curiosos, y en sus breves renglones se trasmite todo el horror que conlleva la pena de muerte:

“Hormigueaba el gentío. Soldados de a caballo formaban un cuadro muy amplío. La ejecución fue rápida. Salió al tablado una figura negra. El verdugo le sujetó los pies y las faldas. Luego los Hermanos de la Paz y la Caridad y el cura, con una cruz alzada, formaron un semicírculo delante del patíbulo y de espaldas al público. Se vio al verdugo que ponía a la mujer un pañuelo negro en la cara, que daba una vuelta rápidamente a la rueda, quitaba el pañuelo y desaparecía”( Baroja, 2006:359) 

Emilia Pardo Bazán asistió al ajusticiamiento y escribió un artículo que se publicó en El Imparcial el día 20 de julio, en el no habla de los sucesos presenciados, sino que elabora una serie de reflexiones que fundamentalmente se convierten en un alegato en contra de la pena capital y en la falta de sentido de ésta. Asimismo Dª Emilia publica una carta de rectificación negando que ella hubiera visitado a Higinia estando la condenada en capilla, como habían publicado algunos periódicos, ni que en ningún momento hubiera pretendido hacer esta visita, arguyendo que no conocía a la inculpada y que ningún consuelo la hubiera producido su presencia. 

 

CONCLUSIONES 

Nos hemos aproximado a un hecho trágico que conmociono a la sociedad decimonónica finisecular madrileña, y de una forma somera a los comentarios, reflexiones, y recreación artística, que tan trágico suceso sugirió a un escritor tan importante como Galdós. A través de la descripción de los personajes implicados, de la narración de los hechos, y del análisis de su amplia repercusión, el escritor canario perfila un esbozo de la España de finales del siglo XIX, dejándonos un retrato de ella igual que hizo del perfil de Higinia Balaguer, y a través de sus artículos podemos conocer en profundidad esa España finisecular, y saber más de la justicia y del sistema penal, de su funcionamiento y su aplicación. 

Al examinar este suceso, que con el paso del tiempo ha tomado rasgos de ficción, también nos aproximamos a la víctima, a los implicados y a Higinia, por la que Galdós siente ese interés y rechazo que se trasluce en sus crónicas, y también a su ajusticiamiento, que a pesar de ser un acto tan definitivo no llegó a cerrar de forma concluyente el caso; porque pese al amplio sumario, a los numerosos testigos, a la absolución de los dos implicados varones, a la condena, muy diferente en su rigor, de dos de las acusadas, así como a la ejecución a garrote de una de ellas, siempre que indagas en este suceso queda la impresión de que la Justicia se aplicó de una forma incompleta, y se mantiene la pregunta, aun a riesgo de ser incluido entre los insensatos, de quien o quienes, además de Higinia y Dolores estaban tras el crimen y también porque calló la principal acusada, porque como comentaba Galdós refiriéndose a su última declaración: “se comprende que los criminales mientan para librarse del castigo; pero no es verosímil que mientan para echarse en brazos del verdugo”(Pérez Galdós,2002:45); pero, sobre todo, porque a pesar del definitivo castigo de Higinia y del tiempo trascurrido se mantiene la sensación de que nunca se supo toda la verdad sobre lo sucedido. 

 

Mª de los Ángeles Rodríguez Sánchez
Madrid, octubre de 2020
 
 
NOTAS
 
[7] Sobre la relación del crimen de la Calle Fuencarral con estas obras, hay dos interesantes artículos de Denah Lida y John H. Sinnigen.



BIBLIOGRAFÍA
 
Baroja, P. 2006. Desde la última vuelta del camino, I, Memorias. Barcelona: Tusquest Editores Lara, A.1984.
 
El crimen de la calle Fuencarral, Madrid: Ediciones Albia. Lida, D. 1973. “Galdós entre crónica y novela” en Anales Galdosianos, VIII, Texas: The University of Texas, pp. 63-77 
 
Pardo Bazán, E. 1890. “Impresiones y Sentimientos del día diecinueve” en El Imparcial, Madrid, 20 de Julio, s/p. 
 
Pérez Galdós, B. 2002. El crimen de la calle Fuencarral. El crimen del cura Galeote, (edición Rafael Reig). Madrid: Rescatados Lengua de Trapo. 
 
Pérez Galdós, B. 2004. La Incógnita. Realidad, (edición Francisco Caudet). Madrid: Cátedra. 
 
Pérez Galdós, B. 2016. Correspondencia, (edición, introducción y notas de Alan E. Smith, María Angeles Rodriguez Sanchez y Laurie Lomask). Madrid: Cátedra. 
 
Sinnigen, J.H.1995. “Historias nacionales y pasionales: La incógnita y Realidad” en Actas del Quinto Congreso Internacional de Estudios Galdosianos I. Las Palmas:Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, pp. 283-290 
 
VV.AA. 2002, Literatura y Crimen. Fascinación y Derecho. Cádiz: Diputación de Cádiz 
 
PRENSA 
El Imparcial, Madrid, 1888-1890 
El Resumen, Madrid, 1888-1890 





27 de octubre de 2020

El crimen de la calle Fuencarral en la obra de Pérez Galdós (Parte I)

Este artículo, con el título: Pérez Galdós y el crimen de la calle Fuencarral, se presentó como comunicación en el I Congreso Internacional de Ficción Criminal: Justicia y Castigo, celebrado en León, en Abril de 2008. Y fue publicado, con el mismo título en Ficción Criminal “Justicia y Castigo” [Coord. MªJosé Álvarez Maurín , y Natalia Álvarez Menéndez] Universidad de León, León 2010, (Pág.439-455). 

En esta ocasión se ha mantenido el artículo, aunque se han incluido algunas mínimas correcciones y se han actualizado algunos conceptos. 

Mª de los Ángeles Rodríguez Sánchez
Madrid, Octubre 2020 

 

INTRODUCCION

En una noche de verano de 1888, en la calle Fuencarral de Madrid, se descubrió un asesinato que, a pesar de ser definido en numerosas ocasiones como un crimen vulgar, tuvo un gran impacto en la sociedad de su momento debido a las personas implicadas y a algunos de los elementos que en él concurrían. Este suceso se convirtió en un tema de interés nacional, y la fascinación que ejerció entre sus contemporáneos, en cierta medida, se mantiene en épocas posteriores que se siguen sintiendo atraídas por aquellos hechos lejanos y, sobre todo, por los personajes que tuvieron que ver en el mismo. Este homicidio, que presenta las características de una novela de ficción y es a la vez un perfecto reflejo del siglo XIX, tuvo una inmensa notoriedad en Madrid y en toda España, y su resonancia fue tanta que varios escritores, como Galdós, Pardo Bazán y Baroja, se ocuparon de él. 

En este hecho de tanta repercusión parecen fundirse ficción y realidad, e incluso, aun conociendo la sentencia y su ejecución, no hay un final que persuada, a los que a él se acercan, de que se ha llegado a conocer la verdad de lo ocurrido, o al menos toda la verdad, porque, a pesar de tanto como se ha escrito sobre él, cuando se examinan los hechos, se observan las múltiples irregularidades y las diversas preguntas sin respuesta surgidas ante su análisis, permanece la impresión de que no se hizo Justicia, o que, al menos, está no fue completa. 

A continuación, nos aproximaremos a la repercusión social y a los elementos esenciales de este homicidio que conmocionó a la sociedad y provocó numerosas discusiones entre sectores de la prensa y de la población, que como si de un espectáculo se tratase se dividió en dos bandos enfrentados. Asimismo, examinaremos el eco que este trágico suceso dejó en la obra de Galdós y sobre todo el análisis que el escritor hizo en la prensa, sobre el hecho, sus consecuencias y los debates que originó.

 

APROXIMACION A LOS HECHOS Y A SU REPERCUSION SOCIAL

En la madrugada del 1 al 2 de julio de 1888 en el nº 109 de la madrileña calle Fuencarral el Juez de Guardia descubre el cadáver parcialmente quemado de una mujer de unos cincuenta años en el que, a pesar de los daños ocasionados por el fuego, se podían apreciar restos de sangre y heridas. En otra habitación de la casa se encontraba una mujer, joven, desmayada y el perro de la casa narcotizado. La víctima será pronto identificada como Luciana Borcino, viuda de Vázquez Varela, mujer de buena posición, de genio vivo e irascible. La joven desfallecida era Higinia Balaguer Ostalé, la sirvienta de 28 años, que llevaba tan sólo seis días en la casa y que casi inmediatamente será acusada de matar a doña Luciana, y para la que se decretará prisión preventiva, tras varias contradicciones en sus declaraciones y al observar el forense que presentaba algunas contusiones posiblemente debidas a la reacción defensiva de la víctima. Pero casi al unísono de estas medidas, desde los primeros momentos de conocido el suceso y en las primeras noticias que en la prensa se dan del crimen, la voz pública acusa del mismo al hijo de la víctima, vago, consentido y maltratador, de nombre José Vázquez-Varela Borcino, de 21 años, que mantenía unas tormentosas relaciones con su madre a la que había amenazado en numerosas ocasiones y a la que había herido con arma blanca, aunque posteriormente doña Luciana retiraría los cargos diciendo que se había lesionado accidentalmente. Este joven al que, más o menos abiertamente, se acusa de estar implicado en los hechos, es descrito en los diarios del 4 de Julio, como “alto, rubio, de fisonomía abultada, labios gruesos, como la nariz, y maneras achuladas. Se viste y peina en armonía con este género de aficiones usando generalmente pantalón muy ceñido, americana y sombrero gacho” (El Resumen, 1888). En fechas posteriores se incidiría en mostrar su carácter violento y se comentaba que también había agredido a una mujer con la que mantenía relaciones, y que sería testigo en el proceso: Lola la billetera. A pesar de los antecedetes de el pollo Varela —como se le conocía popularmente— que reiteradamente aireaba la prensa, éste tenía una extraordinaria coartada ante el asesinato de su madre: desde hacía unos meses estaba preso en la Cárcel Modelo, por el robo de una capa; pero esta justificación será rebatida por todos los que creen, que son una gran mayoría, que el joven hijo de la viuda entraba y salía de la cárcel Modelo con asiduidad.

Entre los dos principales acusados por la opinión pública, la criada y el hijo de la víctima, había una persona que se terminaría convirtiendo en implicado, y que por razones diversas tenía relación con ambos; con Varela porque era el director de la Cárcel Modelo, donde el joven estaba internado, y por tanto, por su cargo, era el responsable del quebrantamiento de reclusión de éste. Con Higinia, porque la mujer había trabajado como sirvienta en su casa, y se comentaba que le había proporcionado los informes para trabajar con doña Luciana, aunque Higinia se había presentado en la casa con nombre falso. Esta persona era José Millán Astray [1] , director interino de la Modelo madrileña, a donde había sido trasladado por unos incidentes e irregularidades en su anterior destino, la prisión de Valencia. Era en ese momento hombre de mediana edad en torno a la cuarentena y gozaba de la protección de Montero Ríos, patrocinio del que hizo gala en alguna ocasión a lo largo del juicio. Por otro lado, y aunque no quedara suficientemente claro, parece ser que Higinia conocía también a Varela porque había regentado junto a su amante un quiosco de bebidas frente a la Cárcel, donde el hijo de la víctima había pasado ya algunas temporadas. Un hecho más se sumó para que parte de la prensa y de la opinión pública incluyeran a Millán Astray como implicado y la Justicia, posteriormente, le procesara como acusado, ya que el director de la Modelo, al poco de la detención de Higinia, pidió al Juez que rompiera la incomunicación de ésta y que le permitiera visitarla, con la disculpa de que quería convencerla para que dijera toda la verdad.

La sospecha de que estos tres personajes estaban tras el asesinato de Dª Luciana era la hipótesis mantenida por un sector periodístico, y fue objeto de múltiples disputas y apasionados debates, poniendo a la prensa en un lugar predominante y multiplicando la venta de diarios de tal manera que el abogado defensor de Vázquez Varela pidió que, como prueba testifical, se presentaran los ingresos obtenidos por las ventas de determinados periódicos desde el descubrimiento del cadáver; diarios que eran los que habían llevado la campaña acusatoria contra su defendido. 

Higinia, mientras se instruía el proceso, hizo numerosas declaraciones contradictorias, alegando en sus primeras manifestaciones que nada sabia del crimen; después que mató a doña Luciana en defensa propia; posteriormente pasó a inculpar en el homicidio al hijo de la difunta y al director de la Cárcel, y en último lugar incriminaría a Dolores Ávila. Estas continuas y diferentes versiones alargaron el sumario, perturbando y excitando la opinión pública, que seguía con avidez el desarrollo del asunto, e incluso es posible pensar que tantas variaciones, sobre como habían tenido lugar los hechos y quienes habían participado en ellos, confundieran a los expertos. Finalmente fueron procesados, Higinia Balaguer, Dolores Ávila, María Ávila, José Vázquez-Varela y José Millán Astray. 

El 26 de marzo de 1889, nueve meses después de descubierto el homicidio, se inició el juicio oral, que era esperado con gran expectación, y del que se creía saldría la verdad sobre lo sucedido. En el juicio intervinieron el fiscal, los abogados de los distintos acusados, el de la acción popular ejercida por la prensa —que consideraba culpable a Varela— y la acusación privada que actuaba en nombre de doña Ángela Vázquez-Varela viuda de Borcino y madre de doña Luciana. El interés por este juicio era indescriptible y fue seguido, tanto dentro como fuera de la sala, por numerosas personas de todas las clases sociales, y se convirtió en el tema casi absoluto de conversación desplazando cualquier otro asunto político o social, tanto en los grandes salones como en las tabernas más populares. 

A los pocos días de iniciado el juicio Higinia daría una nueva versión de los hechos, en la que exculpaba a Varela y a Millán, acusaba a Dolores Ávila como autora e instigadora del homicidio y se inculpaba como colaboradora. El motivo para el asesinato había sido el robo que, según sus palabras, realizó Dolores y cuyo botín nunca apareció. La sentencia que, en opinión de Galdós, no convenció a nadie absolvía a María Ávila, Vázquez Varela y Millán Astray y condenaba a Higinia, por robo con homicidio, a pena de muerte, y a Dolores, como cómplice, a 18 años de reclusión. 

Higinia, a quien la reina y el gobierno denegaron el indulto, fue ajusticiada a garrote vil, dos años después del crimen, el 19 de Julio de 1890, pero su muerte no cerró definitivamente, al menos de cara a la opinión pública, este caso en el que tantas incógnitas quedaron sin despejar y tantas preguntas sin respuesta. A pesar de que la principal implicada, y quien fue más duramente castigada, mantuvo su última versión de lo sucedido hasta el patíbulo, hemos de tener en cuenta y considerar como una pieza más, que sumar al rompecabezas que fue este suceso, las andanzas del hijo de la víctima una vez fuera de la cárcel, y tras salir tan bien librado de unos hechos en los que tantos veían su presencia. Pocos días después de la ejecución de Higinia Balaguer, el joven Varela se vería envuelto en unos incidentes que ponían en evidencia su carácter violento y agresivo, algo que los periódicos habían señalado reiteradamente durante el proceso y el juicio. En Vigo, donde se había trasladado temporalmente, el hijo de doña Luciana tendría una fuerte bronca en el Café Universal agrediendo a personas muy conocidas de la localidad, y para evitar la violenta reacción de sus conciudadanos regresó a la capital, donde la prensa recogió estos hechos, aunque apenas encontraron eco (Lara,1984:187). Transcurridos algunos años volveremos a tener noticias del pollo Varela cuando una joven, mujer de la vida, fue arrojada por un balcón de un edificio de la calle Montera en Madrid. Cuando suben a ver lo que ha ocurrido, se encuentran con Vázquez Varela, que fue reconocido, por algunos de los testigos, como aquel que había estado procesado en el célebre caso de la Calle Fuencarral. Por esta agresión fue juzgado, y en esta ocasión condenado, estando catorce años en el penal de Ceuta. Allí parece que se corrigió y se convirtió en un buen y reconocido fotógrafo. (Lara,1984:189), oficio que le permitió ganarse la vida, ya que nada le quedaba de la fortuna familiar heredada. 

El impacto de este popular crimen en la sociedad española, y sobre todo madrileña, fue muy grande y se aprecia en el interés con que se siguieron las noticias de la prensa; en las discusiones que se planteaban al respecto y en cómo, durante el juicio, una gran muchedumbre esperaba diariamente el paso de los acusados, a la vez que tanto las clases más elevadas como las más populares querían asistir a las sesiones para ver a los implicados y para oír de primera mano lo que éstos tenían que decir. La repercusión del hecho en la prensa se puede observar en el espacio que la noticia fue ocupando en los diarios. Las primeras referencias del crimen no eran muy extensas y aparecieron en las hojas interiores de los diarios, aunque muy pronto pasarían a la primera página con grandes titulares. Cuando se inicia el juicio oral, éste ocupó diariamente las dos primeras hojas de algunos periódicos, recogiendo amplia información sobre lo que ocurría en la sala, así como múltiples noticias referentes a los inculpados, de los que se contaban hasta los más pequeños detalles de sus ropas, sus comidas o sus actitudes. Toda esta información iba ilustrada con dibujos de los acusados, los abogados, el estado de la Sala, e incluso de Galdós tomando notas del proceso o realizando el apunte del natural de Higinia durante el proceso.

 

GALDOS Y EL CRIMEN DE LA CALLE FUENCARRAL. 

Este homicidio que, como hemos comentado, ocupó durante casi dos años gran espacio en la prensa interesó vivamente a Galdós, que le dedicó varios artículos enviados a La Prensa de Buenos Aires, periódico en el que colaboró desde 1883 hasta 1894, y al que regularmente enviaba sus crónicas en las que trataba asuntos diversos de la actualidad española. Pérez Galdós escribiría sobre este suceso 7 artículos en forma de carta, entre el 19 de julio de 1888 y el 30 de mayo de 1889, en los que iba informando a sus lectores de las incidencias del caso y de la repercusión de éste en la sociedad; pero casi a la vez, aunque desde una perspectiva diferente, este homicidio, bajo el nombre del crimen de la calle del Baño [2], formaría parte de dos de sus novelas La incógnita, realizada entre noviembre de 1888 y febrero de 1889, y Realidad, novela dialogada, fechada en julio de 1889. En su drama Realidad, primer estreno teatral de Galdós en 1892 y que es una adaptación para los escenarios de la novela, don Benito, a pesar de que se vio obligado a cortar numerosas escenas de la obra dada su longitud, mantiene las referencias al crimen [3] que lo muestran como un tema de impacto y de continuos comentarios en sociedad. Creo que es interesante señalar que el autor conservara algunas opiniones de los personajes sobre este trágico suceso que ya estaba cerrado y del que, evidentemente, había pasado su máxima actualidad, sobre todo si tenemos en cuenta que había tenido que sacrificar diversas situaciones para convertir su novela dialogada en texto teatral representable en tiempo; el hecho de que mantuviera vivo el debate sobre el asesinato hace pensar que para él seguía manteniendo su importancia como acontecimiento que reflejaba a la sociedad de la época.

 

ARTICULOS PERIODISTICOS EN LA PRENSA

En los artículos escritos por Galdós para el diario bonaerense La Prensa sobre este tema hay que diferenciar dos periodos o momentos en los que se ocupa del asunto: cuando se produce el crimen y los primeros meses en los que se instruye el sumario, y cuando se inicia y se lleva a cabo el juicio oral. Pero creo que también es interesante advertir la carencia de opiniones o reseñas después de comunicada la sentencia, y sobre todo lo relativo al cumplimiento de ésta: la ejecución de Higinia, que ponía un punto final definitivo a tan polémico asunto. 

Por las fechas de sus crónicas podemos observar que Galdós escribe sobre el crimen al poco de cometerse, ya que su primer artículo es del 19 de julio de 1888 [4], al que seguirán otros, el 31 de julio, el 15 de Agosto y el 12 de Diciembre, en los que irá informando y dando detalles del caso que tiene conmocionados a los habitantes de Madrid, que hablan de él en cualquier lugar desde las casas elegantes a los barrios populares, y que ha desplazado de las conversaciones, rumores o comentarios relativos a cualquier otro asunto. Los tres últimos artículos, por su parte, están dedicados a informar del juicio oral. El primero, del 31 de marzo de 1889 [5], se corresponde con la información sobre el proceso, que había comenzado el 26 de marzo de ese año; a éste seguirán dos informaciones más del 19 de abril y el 30 de mayo de 1889. Esta última es bastante breve y en ella comunica, a sus lectores, cual ha sido la sentencia de tan famoso caso y como el veredicto no satisface a nadie, “pues los que negaban veracidad al relato de Higinia, llevan a mal que esta sea condenada y los que creían en él no hallan justo que la iniciadora del crimen quede sin castigo mientras lo tiene tan cruel la que fue a él sugestionada por su compañera” (Pérez Galdós, 2002: 54) 

En su primer artículo Galdós muestra un gran interés por el asunto y en su crónica los implicados en la trama son descritos con brevedad pero certeramente. Primero hablará de la víctima; luego del hijo golfo y un tanto brutal; de la criada mezclada con delincuentes, que presenta una gran insensibilidad ante lo sucedido; del joven director interino de la cárcel, al que parece tener cierta simpatía, y de cómo se han producido los hechos, así como de las vicisitudes y novedades que se suceden en los mismos. En esta primera aproximación al crimen conocemos los personajes, los acontecimientos, sin entrar en pormenorizar detalles escabrosos o siniestros, y la situación social con derivaciones políticas que el asesinato ha provocado. En los dos siguientes artículos comentará los nuevos datos que se van conociendo, así como las opiniones y variaciones aportadas por los testigos, y, sobre todo, las distintas versiones de Higinia que se van incorporando a un sumario que crece desmesuradamente. A través de estos textos galdosianos podemos observar como el interés social por el crimen en vez de disminuir aumenta según va pasando el tiempo, aunque las sombras y las dudas no llegan a despejarse. 

En sus crónicas el escritor canario comenta noticias de interés e intercala anécdotas que llaman la atención del público, como los paseos por Madrid, en medio de la estupefacción general, del perro de la víctima que apareció en la casa narcotizado, y al que, incluso, han querido comprar. Don Benito, en sus reportajes, habla del caso desde el punto de vista de un observador privilegiado que conoce muy bien la sociedad y el momento histórico en el que vive, y estos artículos le sirven para informar a sus lectores, que están alejados del hecho en sí, de todo lo que ocurre: los diversos acontecimientos, que se suceden y cambian con rapidez y la reacción que estos provocan, así como de los distintos protagonistas del drama, que son descritos con mayor o menor detalle, con más o menos simpatía hacia sus personas. A la vez que proporciona toda esta información comenta el impacto de un suceso trágico que adquiere una enorme relevancia social a pesar de la simpleza de los motivos y de sus personajes. Pero, en estos comentarios, el autor hace algo más: reflexiona sobre la sociedad en la que vive, la aplicación de la justicia, las irregularidades del sistema carcelario, que con este suceso se hicieron tan patentes, y cuyos problemas pedían una reforma urgente, no sólo por lo que se refería al quebrantamiento de la reclusión de determinados internos, implicando en los hechos al director y a algunos funcionarios, sino también por la situación general en la que predominaba la poca seguridad y las malas condiciones tanto en la cárcel de hombres como de mujeres. Don Benito, por ejemplo, explica, a sus lectores del otro lado del Atlántico, como en el caso de las dos acusadas se rompió el aislamiento y se produjo la comunicación entre ambas, hecho que sin duda suponía una infracción más a las que ya se habían producido en la incoación del sumario. Hay que señalar que, aunque Galdós no creía culpable a José Vázquez-Varela, sí parece aceptar el quebrantamiento de la reclusión de éste, y considera que fueron posibles sus salidas y entradas del recinto carcelario. 

Uno de los temas recurrentes en estos artículos es la opinión sobre el papel que jugó la prensa en todo el caso. Ante esto Galdós tiene posturas contradictorias: en ocasiones alaba, con su poco de ironía, la buena labor llevada a cabo por los periodistas para rastrear todas las huellas y las nuevas posibilidades de este suceso, llegando incluso a afirmar que algunos lo hacen mejor que los investigadores: 

“…pues la diligencia de los periodistas para cazar noticias es febril. Algunos han dado a conocer cualidades tan relevantes de astucia policial, que, si la justicia les utilizara en averiguación de los hechos oscuros, obtendría mejor resultado que con los actuales delegados” (Pérez Galdós, 2002: 22) 

En otros momentos crítica que los periódicos no se concentren en las labores propias de la información y que tomen parte en la instrucción del proceso, y más tarde incluso en el propio juicio, donde se presentarán como acusación privada, acto que no gustaba a don Benito, que consideraba esta situación como un intento de dar un carácter político al asunto dada la “viciosa tendencia a mezclar la política con la justicia, achaque frecuente en la prensa” (Pérez Galdós, 2002: 11) añadiendo que en el trasfondo de la cuestión estaba una coalición más o menos encubierta contra el partido liberal. (Pérez Galdós, 2002: 31)

Otra contradicción que encontramos en estos artículos galdosianos es en relación con el papel de Higinia en el crimen, a la que algunos consideraban única culpable, aunque según la autopsia era imposible que hubiera cometido el asesinato sin la ayuda de un hombre o un esfuerzo varonil. Esta duda, sobre que dos mujeres solas hubieran podido asesinar a doña Luciana, dio lugar a numerosos comentarios, como el de que había una mano masculina en el asesinato que Higinia no quería revelar, esa persona desconocida podía ser cualquiera, y esta circunstancia le sirvió a Galdós para ironizar al respecto: 

“No es de extrañar, pues, que yendo uno muy tranquilo por la calle se tropiece con un amigo de estos que están trastornados con el crimen y nos diga: — ¿Es usted por casualidad el hombre? — ¿Qué hombre? — Hombre bien me entiende usted: el hombre ese que necesariamente ayudó a Dolores y a la Higinia…” (Pérez Galdós, 2002: 50) 

Los tres últimos artículos de esta serie, sobre el popular crimen de la calle Fuencarral, se corresponden con la realización del juicio oral, al que el escritor asistió diariamente, como comenta en algunas cartas personales a Atilano Lamela, y en el que esperaba que el asunto se aclarase definitivamente. En sus crónicas hará una amplia descripción física y psicológica de la acusada, que coincide con la realización del dibujo que El Resumen publicó en su primera página el 5 de Abril de 1889. Este retrato narrativo, en el que se aprecia la influencia de las teorías lombrosianas, esboza en unas líneas la figura de Higinia, y muestra la capacidad descriptiva del novelista y observador que era Galdós, así como el interés y el rechazo que esta mujer le produce. Sobre la principal encausada en este suceso dice don Benito: 

“Si moralmente es Higinia un tipo extraño y monstruoso, en lo físico no lo es menos. Creen los que no la han visto que es una mujer corpulenta y forzuda, de tipo ordinario y basto. No hay nada de esto: es de complexión delicada, estatura airosa, tez finísima, manos bonitas, pies pequeños, color blanco pálido, pelo negro. Su semblante es digno de mayor estudio. De frente recuerda la expresión fríamente estupefacta de las máscaras griegas que representan la tragedia. El perfil resulta siniestro, pues siendo los ojos hermosos, la nariz perfecta con el corte ideal de la estatuaria clásica, el desarrollo excesivo de la mandíbula inferior destruye el buen efecto de las demás facciones. La frente es pequeña, abovedada, la cabeza de admirable configuración. Vista de perfil y aún de frente resulta repulsiva. La boca pequeña y fruncida, que al cerrarse parece oprimida por la elevación de la quijada, no tiene ninguna de las gracias propias del bello sexo. Estas gracias háyanse en la cabeza de configuración perfecta, en las sienes y el entrecejo, en los parietales mal cubiertos por delicados rizos negros. El frontal corresponde por su desarrollo a la mandíbula inferior, y los ojos hundidos, negros, vivísimos cuando observa atenta, dormilones cuando está distraída, tienen algo del mirar del ave de rapiña” (Pérez Galdós, 2002: 38) 

Este amplio estudio físico y psicológico que hace el escritor canario de Higinia Balaguer contrasta con la breve representación de su cómplice Dolores Ávila de la que dice: 

“Su figura es de las más vulgares, y su condición moral y física la coloca en las capas más bajas y más degradadas de la sociedad” (Pérez Galdós, 2002: 39). A estas descripciones de las principales acusadas se suma la de Varela: “[el] hijo de la víctima, es un joven de rostro poco simpático, en el cual se destacan los labios enormes, indicando un desmedido desarrollo de los apetitos y ansiedades materiales. Se expresa en las declaraciones con bastante soltura, demostrando más inteligencia y mejor educación de la que se le ha atribuido antes de conocerle” (Pérez Galdós, 2002: 39) 

En estos artículos Galdós señala como cosa curiosa la cantidad de testigos presentados, entre los que hay representantes de todas las clases sociales: “señores docentes y presidiarios, mujeres de mala vida, vagos de profesión, mozos de café, empleados de ambas cárceles…”(Pérez Galdós, 2002: 40) y también relata a sus lectores el aspecto de la sala así como el interés del público por acceder a ella, y la mezcla de grandes damas con elementos populares en las puertas de entrada del Tribunal, ya que a todos les guía el mismo interés de asistir a estas sesiones del juicio oral. El escritor comenta con cierta ironía que las damas elegantes, cuya presencia en la sala es destacada en todos los periódicos, no vacilan en soportar el calor, los empujones y otras molestias con tal de ver la cara de Higinia, y añade que estas señoras de la mejor sociedad asistían a las sesiones de este juicio como si fueran al teatro: “Las emociones del juicio interesan a las damas tanto como una buena ópera bien cantada” (Pérez Galdós, 2002: 41). Esta imagen, que se aprecia claramente en las reseñas del juicio publicadas en la prensa, la plasmará Galdós en su novela La Incógnita, donde Infante escribe a su corresponsal, al que da noticias del Crimen de la Calle del Baño, que no es sólo el vulgo el que muestra interés por el asesinato “pues la gente de cultura no le va a la zaga. Las mujeres especialmente, y si quieres, las damas, se pirran por esa comidilla picante del famoso y no descubierto crimen” (Pérez Galdós, 2004: 269) 

La referencia a la nueva declaración de Higinia hecha en el Tribunal durante el juicio oral, el careo entre ella y Dolores, y el enfrentamiento de las dos mujeres, que Galdós describe como “la escena más dramática que he presenciado en mi vida” (Pérez Galdós, 2002: 44), le lleva a hacer un nuevo retrato de cada una de ellas, y a comentar a sus lectores que aunque en esta declaración Higinia había dicho la verdad, él pensaba que ésta no era completa: 

“Higinia es nerviosa, delgada y de buena estatura; viva de genio, fácil de palabra; Dolores es biliosa, pequeña de cuerpo, grosera y desfachatada. Higinia confirmó su acusación con frase entera y enfática; Dolores negó todo resueltamente; ambas estuvieron firmes y arrogantes. En el público quedó la convicción de que Higinia había dicho la verdad; pero no toda la verdad” (Pérez Galdós, 2002: 44) 

Si estas opiniones eran las que el escritor comentaba en sus artículos, en privado sus juicios eran similares. A Atilano Lamela le escribe el 9 de Abril de 1989 

“El día último cuando declaró Higinia fue muy interesante. […] Con Higinia he hablado varias veces. Soy de los que creen que la declaración del otro día es verdad, aunque quizás no haya dicho toda la verdad” (Pérez Galdós, 2016: 180) 

En esta carta mostrará la antipatía y el desagrado que le produce Dolores, de la que dirá: ”La tal Dolores parece una hiena”, y comenta la publicación, en el diario El Resumen, del dibujo de Higinia realizado por él durante las sesiones del juicio: “Con El Resumen publicaré un retrato de Higinia hecho por mí. Está bastante parecido. Pienso hacer otro de la Dolores…” (Pérez Galdós, 2016: 180)


No deja de ser curioso que el dibujo del natural de Higinia hecho por Galdós apareciese en la prensa el mismo día que ésta recogía su nueva confesión y su enfrentamiento con Dolores. Dicha declaración conllevó la suspensión del juicio durante veinte días, para confirmar los datos aportados por la principal acusada, y supuso un nuevo enfrentamiento en la prensa y en el público, entre los partidarios de la culpabilidad de Higinia y la inocencia de Varela que serían denominados como sensatos, o aquellos que consideraban al hijo como asesino de doña Luciana a los que se les llamaría insensatos [6]. Estos términos también aparecerán en las novelas galdosianas de La Incógnita y Realidad, utilizados por los distintos personajes en relación con sus posturas sobre los hechos y los implicados en el crimen de la Calle del Baño, claro trasunto del asesinato de la calle Fuencarral. 

En su último artículo del 30 de mayo, Galdós informa a sus lectores de la sentencia, por la que María Ávila, Varela y Millán han salido absueltos, mientras Higinia ha sido condenada a muerte y Dolores a 18 años de reclusión. En esta crónica, el escritor comenta que la versión de la culpabilidad de Varela había sido muy popular, y que todavía se mantenía aunque no con la fuerza de los meses pasados, sobre todo porque “el juicio no ha hecho luz completa sobre todos los pormenores del crimen” (Pérez Galdós, 2002: 53), y aunque él considera que la última versión de Higinia es la verdadera, manifiesta que esta confesión ha resultado severamente castigada, mientras que el silencio de Dolores ha sido premiado. 

Después de su último artículo para La Prensa de Buenos Aires, no hay constancia de que Galdós se ocupara públicamente del famoso crimen, y tampoco la hay de que asistiera a la ejecución de Higinia, en Madrid, que fue la última en tener lugar ante la población, De hecho, en ningún periódico de los que se ocuparon del acto final de la vida de Higinia, se menciona la presencia de Galdós. 

 

El crimen de la calle Fuencarral en la obra de Pérez Galdós (Parte II) >

 

NOTAS
 
[1] José Millán Astray fue el padre del fundador de la Legión y de la comediógrafa Pilar Millán Astray.
[2] La calle del Baño, es la actual Ventura de la Vega, que va desde la Carrera San Jerónimo a la calle del Prado. 
[3] En el drama, Don Benito sitúa el hecho en la calle del Pez, a diferencia de las novelas que el crimen ocurre en la calle del Baño. 
[4] Curiosamente dos años antes de que se llevase a cabo la ejecución de Higinia, que tuvo lugar el 19 de julio de 1890. 
[5] Aunque en la recopilación reciente de estos artículos hecha por Rafael Reig, figura la fecha 31 de marzo de 1888, este artículo es de 1889, ya que en él se informa del inicio del juicio a los acusados por el crimen de la calle Fuencarral. 
[6] Esta terminología que debió de ser muy popular, aparece reflejada no sólo en los artículos y en las novelas de Galdós, sino que también Baroja cuando, en sus Memorias, habla de este suceso recoge estas definiciones que la sociedad daba según se fuese partidario de la culpabilidad de una u otro. Galdós y Baroja se encontraban entre los sensatos. (Pérez Galdós, 2002: 44) (Baroja,2006: 359)